abc.es
mi perfil | directorio Login | registro | búsquedas | Preguntas frecuentes | Página principal del foro | Temas activos hoy
» Abrir un nuevo tema  Nueva encuesta  Escribir un mensaje
  » Latinoamérica » Cuando salí de Cuba » CHE GUEVARA: POR LA BOCA MUERE EL PEZ (Página 2) después el tema más antiguo   después el tema más nuevo

 - Enviar por correo electrónico esta página.  
Este tema tiene un total de 2 páginas: 1  2 
 
Autor Tema: CHE GUEVARA: POR LA BOCA MUERE EL PEZ
Tamakun1
Miembro
Usuario # 4867

Valoración de usuario
 - Enviado el      Perfil para Tamakun1     Enviar un mensaje privado       Editar o borrar mensaje   Responder citando 

En mi opinión Guevara era un estudiante crónico más de la universidad pública argentina. Nunca terminó de rendir las materias de la carrera de medicina, y aún menos hizo su residencia obligatoria que requiere esa carrera, por lo que definitivamente no era médico.

No es extraño, Argentina es un país en el cual los falsos títulos son frecuentes, ha habido resonantes casos. Parece que el de Guevara es uno más, un caso de usurpación de títulos y honores.

Sería bueno que aparezca la documentación: el analítico de estudios, el diploma, algún compañero que testimonie que se graduó con él, una foto del acto de colación de grados, un certificado de residencia. Por lo visto, parece que nadie puede aportar nada de eso.

Mensajes: 1802 | Registrado: Jul 2003  |  IP: Archivada | Mandar este mensaje al moderador
Tamakun1
Miembro
Usuario # 4867

Valoración de usuario
 - Enviado el      Perfil para Tamakun1     Enviar un mensaje privado       Editar o borrar mensaje   Responder citando 

Hoy murió el Ché

Por Esteban Lijalad

Liberpress - Buenos Airess, 2 de julio de 2008 - El Ché Guevara murió físicamente hace cuarenta años. Pero hoy, con el rescate de Ingrid Betancourt acaba de morir su fantasma.

Mientras en Argentina le levantamos estatuas de cuatro metros de altura, en Colombia, donde aun trabajan sus compañeros de las FARC, un pueblo y unas instituciones democráticas acaban de propinarle un golpe histórico a esos "idealistas", cuyo emblema, referente y santo es justamente el Che Guevara.

Los compañeros del Che, en Colombia, secuestraron a centenares de inocentes, obtuvieron rescates millonarios, comerciaron droga, jugaron a la "paz", mientras preparaban la guerra, engañaron, torturaron, se rieron de los "derechos humanos" , de la "democracia formal", mientras daban cátedra de supervivencia al resto de los idiotas latinoamericanos que admiran a esta anacrónica guerrilla.

Pero ¿Quién puede admirar hoy al un grupo de infradotados, que se dejan infiltrar por la inteligencia militar y que dan el espectáculo de ser engañados a los ojos de todo el mundo? ¿Como, en cambio, no admirar la audacia, la inteligencia, la valentía de los que planearon y ejecutaron un operativo que sin disparar un solo tiro, liberó a quince rehenes, apresó a varios terroristas y nos mostró que la democracia puede ser fuerte, puede defenderse de sus enemigos, puede liberar rehenes, puede apresar malhechores disfrazados de idealistas?

Hoy murió el Che, transformado en un hazmerreír, en una tropa en desbandada sin moral, sin valores, sin misiones, sin objetivos como no sean el de durar, como una especia de absurda burocracia guerrillera, enamorada de la selva y de sus armas, aislada de toda civilización.

Hoy me emocioné viendo a Ingrid - un cuadro político extraordinario- agradecer a su adversario político, el Presidente Uribe, solo como un ser humano íntegro puede hacerlo.

Todos sabemos que Chávez, ese otro remoto heredero del Che siempre conspiró contra Uribe y su empeñosa estrategia de presionar a las FARC. Y sabíamos que la familia de Ingrid apoyaba esos intentos de "canje humanitario" y se enfrentaba a la política "dura" de Uribe. Hoy todo eso es pasado: dijo Ingrid "agradezco los esfuerzos de Chavez, pero debe saber que los Colombianos elegimos a Uribe, no a las FARC" Más claro, agua.

Hoy murió el Che, y hay que alegrarse

Mensajes: 1802 | Registrado: Jul 2003  |  IP: Archivada | Mandar este mensaje al moderador
Tamakun1
Miembro
Usuario # 4867

Valoración de usuario
 - Enviado el      Perfil para Tamakun1     Enviar un mensaje privado       Editar o borrar mensaje   Responder citando 

El Che Guevara y las cosas que hacen los progres

Reflexiones en torno a una polémica surgida dentro del diario El País de Madrid Publicado en Cuadernos de pensamiento político, Número 17, Enero-Marzo 2008, FAES, Madrid

Carlos Alberto Montaner
Firmas Press

La gran regla ética sobre la que se ha edificado la escala de valores occidentales es la obligación de tratar al prójimo como a uno mismo. Incluso, es posible que esa urgencia de reciprocidad, piedra angular de todo código moral, esté imbricada en la propia naturaleza humana (y en la de otros primates, afirman los etólogos) y se transmite por medio de nuestro código genético, como sospechan los especialistas. Yo no puedo desear para el otro lo que no quiero para mí sin quebrantar una norma moral básica. En todas las culturas existe un amargo reproche para los hipócritas y los cínicos que nos recuerda constantemente este principio.

Pero la regla es aún más amplia, trasciende nuestras acciones, y debe condicionar nuestra capacidad de establecer juicios de valor. En las viejas clases de aritmética los niños solíamos comprobar si las divisiones y las multiplicaciones estaban bien hechas mediante la llamada “prueba del nueve”. De una forma que en aquella época nos parecía misteriosa, los números estaban sometidos a lo que los maestros de entonces calificaban de “congruencia”.
Probablemente, en el terreno de los juicios morales ocurre más o menos lo mismo: la opinión que tenemos sobre ciertos hechos concretos validan o anulan nuestros juicios morales abstractos.

En efecto, lo que les da consistencia moral a nuestras valoraciones éticas es la congruencia entre los principios abstractos que decimos sustentar y la aplicación práctica de esos principios ante la realidad. Si soy un enemigo de la pena de muerte y creo que debe eliminarse de manera total, no puedo aplaudir el fusilamiento de los criminales serbios o de mis adversarios. Si me opongo a la discriminación de las personas por su raza, preferencias sexuales o ideas políticas, no me es dable apoyar el apartheid sudafricano, repudiar a un hijo o a un amigo homosexual o respaldar las dictaduras de Pinochet o de Fidel Castro.

Acerquémonos a un caso concreto.

El caso del editorial de El País y Che Guevara

El 10 de octubre de 2007 el diario El País de España publicó un editorial sobre el Che Guevara. El diario hacía una evaluación de este singular personaje a los 40 años de que fuera ejecutado tras su captura en combate por el ejército boliviano. Se tituló Caudillo Guevara y el sentido último de quien lo redactara -aparentemente, un diplomático con gran experiencia- era descalificar la validez de la ética de fines. Todo demócrata realmente comprometido con el Estado de Derecho y el respeto por los seres humanos tenía que suscribir la ética de medios. No es verdad que el fin, por noble que sea, justifica todos los procedimientos que se utilicen para alcanzarlo. El conocido apotegma maquiavélico suele ser la coartada de los peores criminales. Decía El País:

“El romanticismo europeo estableció el siniestro prejuicio de que la disposición a entregar la vida por las ideas es digna de admiración y de elogio. Amparados desde entonces en esta convicción, y a lo largo de más de un siglo, grupúsculos de las más variadas disciplinas ideológicas han pretendido dotar al crimen de un sentido trascendente, arrebatados por el espejismo de que la violencia es fecunda, de que inmolar seres humanos en el altar de una causa la hace más auténtica e indiscutible.
En realidad, la disposición a entregar la vida por las ideas esconde un propósito tenebroso: la disposición a arrebatársela a quien no las comparta. Ernesto Guevara, el Che, de cuya muerte en el poblado boliviano de La Higuera se cumplen 40 años, perteneció a esa siniestra saga de héroes trágicos, presente aún en los movimientos terroristas de diverso cuño, desde los nacionalistas a los yihadistas, que pretenden disimular la condición del asesino bajo la del mártir, prolongando el viejo prejuicio heredado del romanticismo.

El hecho de que el Che diera la vida y sacrificara las de muchos no hace mejores sus ideas, que bebían de las fuentes de uno de los grandes sistemas totalitarios. Sus proyectos y sus consignas no han dejado más que un reguero de fracaso y de muerte, tanto en el único sitio donde triunfaron, la Cuba de Castro, como en los lugares en los que no alcanzaron la victoria, desde el Congo de Kabila a la Bolivia de Barrientos. Y todo ello sin contar los muchos países en los que, deseosos de seguir el ejemplo de este mito temerario, miles de jóvenes se lanzaron a la lunática aventura de crear a tiros al "hombre nuevo".

Seducidos por la estrategia del "foquismo", de crear muchos Vietnam, la única aportación contrastable de los insurgentes seguidores de Guevara a la política latinoamericana fue ofrecer nuevas coartadas a las tendencias autoritarias que germinaban en el continente. Gracias a su desafío armado, las dictaduras militares de derechas pudieron presentarse a sí mismas como un mal menor, cuando no como una inexorable necesidad frente a otra dictadura militar simétrica, como la castrista.

Por el contexto en el que apareció, la figura de Ernesto Guevara representó una puesta al día del caudillismo latinoamericano, una suerte de aventurero armado que apuntaba hacia nuevos ideales sociales para el continente, no hacia ideales de liberación colonial, pero a través de los mismos medios que sus predecesores. En las cuatro décadas que han transcurrido desde su muerte, la izquierda latinoamericana y, por supuesto, la europea, se ha desembarazado por completo de sus objetivos y métodos fanáticos. Hasta el punto de que hoy ya sólo conmemoran la fecha de su ejecución en La Higuera los gobernantes que sojuzgan a los cubanos o los que invocan a Simón Bolívar en sus soflamas populistas”.

Ocho días después de publicado el editorial, la dirección de El País se vio obligada a insertar la siguiente carta de protesta suscrita por 250 redactores del periódico, cuyos nombres no aparecieron consignados:

“La Redacción de EL PAÍS quiere mostrar su disconformidad con el editorial titulado Caudillo Guevara, publicado el pasado día 10 de octubre. Más de dos tercios de los redactores (250) consideran que el texto publicado no abordaba en su totalidad la figura de un personaje como el Che Guevara que, con sus luces y sus sombras, es lo suficientemente compleja para haberla tratado como si no hubiera una escala de grises.

El Estatuto de la Redacción contempla la posibilidad de discrepar de un editorial siempre que se logren reunir las firmas necesarias, que cifra en un mínimo de dos tercios de los redactores. En ejercicio de este mecanismo de transparencia y democracia interna, único en la prensa española, se ha habilitado este espacio para dejar testimonio de nuestra discrepancia”.

Curiosamente, El País, un medio de comunicación, que, como todos, sólo debe estar dedicado a informar, analizar y opinar únicamente bajo la autoridad de la verdad, el sentido común y la congruencia ética, había introducido en su reglamento interno una arbitraria disposición (¿por qué dos tercios, y no la mitad más uno o cuatro quintas partes?) que abría la puerta a que una mayoría calificada de redactores pudiera imponer su criterio sin tener en cuenta los datos objetivos y la coherencia moral de la posición adoptada por el periódico.

Teóricamente, las dos terceras partes de los redactores también podían oponerse a la Ley de Gravedad o, como ocurre en ciertas regiones del sur de Estados Unidos, a las teorías evolutivas. Es lo que puede suceder cuando ciertos hechos o situaciones se someten al método democrático, como si la aritmética pudiera decidir sobre lo que es verdad o mentira.

¿Cómo podía El País condenar sin paliativos los atentados perpetrados por los terroristas de ETA, sin matizarlos en una “escala de grises” (por ejemplo, el factor nacionalista de los asesinos, la indudable valentía y audacia que exhiben, o el hecho de que sacrifican sus vidas en pos de un ideal), y, simultáneamente, presentar al Che como un revolucionario cuyos crímenes merecían cierto respeto y ponderación. El País, sencillamente, al enjuiciar la figura del Che por medio del discutido texto, estaba siendo coherente con su propia línea editorial en otros campos similares. Si la ética de fines era abominable en el caso de los asesinatos de la ETA, no podía ser justificable en el del Che, responsable de centenares de crímenes perpetrados en nombre de la revolución comunista[1]. En realidad, lo que los redactores estaban demandando no era que el periódico balanceara el juicio sobre Ernesto Guevara, sino que vulnerara su propia coherencia moral.

Por la otra punta del razonamiento, si esa abrumadora mayoría de redactores estaba preocupada, realmente, por la supuesta falta de balance del editorial, “como si no hubiera una escala de grises”, ¿por qué no había protestado de igual manera cuando el periódico condenaba los asesinatos cometidos por los terroristas vascos o, por ejemplo, cuando lo que se criticaba eran las torturas cometidas por los soldados norteamericanos a los detenidos en la cárcel de Guantánamo? Como ellos no ignoraban, es posible encontrar matices atenuantes prácticamente ante casi cualquier hecho censurable que analicemos, desde el asesinato de Federico García Lorca al de Ramiro de Maeztu, y desde los crímenes de Hitler a los de Stalin.

La deconstrucción de Ernesto Guevara

No vale la pena contar, otra vez, la vida de Guevara. El propósito de este ensayo es otro: utilizar sus acciones y afirmaciones para construir una especie de test de coherencia moral. Hay, por lo menos, tres buenas biografías del Che Guevara: la de Pierre Kalfon, la de Jon Lee Anderson y la de Jorge Castañeda. Prefiero la de Castañeda, que me parece más incisiva, pero los tres libros tienen detrás una larga y meritoria investigación. Hay, también, otros dos excelentes ensayos biográficos cargados de una inteligente valoración crítica: La máquina de matar: el Che Guevara, de agitador comunista a marca capitalista, escrito por Álvaro Vargas Llosa, publicado en inglés por New Republic en noviembre de 2005, texto que les abrió los ojos a muchos norteamericanos ingenuos, luego reproducido en español en numerosos diarios del mundo, y Ernesto Che Guevara de Fernando Díaz Villanueva, el joven e iconoclasta historiador vinculado a Libertad Digital.

La lectura desapasionada de esos papeles, por mucho que sus autores deseen conservar una distancia crítica del personaje, y a veces, como sucede en algunas páginas de Anderson y Kalfon, hasta traten de encontrar justificaciones a hechos que no las tienen, pone de manifiesto la existencia de un ser humano profundamente autoritario y violento, capaz de escribir que está “en la manigua (selva) cubana vivo y sediento de sangre”[2], actitud, perfectamente congruente con quien, en su adolescencia, le gustaba firmar su correspondencia con el pseudónimo de Stalin II, o, como reveló recientemente su primo Alberto Benegas Lynch, economista y pensador argentino en las antípodas de su pariente: “muy de chico el Che se deleitaba con provocar sufrimientos a animales”[3].

Pero, para entender a Ernesto Guevara, situémonos, primero, muy brevemente, en su etapa de formación y veamos luego cuál fue su desempeño. Provenía de una familia de la entonces muy próspera clase media alta argentina, como pone de manifiesto la magnífica casa -para la época- en que nació en la ciudad de Rosario. Ciertos elementos de su carácter adolescente apuntan al desarrollo de una personalidad con rasgos marcadamente neuróticos. Es muy desaseado y le gusta vanagloriarse por ello. Además de autocalificarse como Stalin, le divierte ser llamado cerdo (Kalfon). Cuando sale de los ascensores siempre se empeña en dar el décimo paso con el pie izquierdo (Benegas Lynch). Padece asma y, tal vez, de alguna manera, su carácter se curte en la lucha contra esta enfermedad. Su primer frente de batalla es su propio organismo. Es inteligente y propenso al mundo de las ideas. Desde muy joven, nada raro en la Argentina de su tiempo (“Braden -el embajador americano- o Perón” es el lema que sacude al país), es seducido por el antiamericanismo y por las ideas contrarias a la libertad económica. Estudia medicina, da muestras de sentir un fuerte compromiso con las personas desvalidas -leprosos, por ejemplo-, y recorre medio continente en moto, pero pronto se decanta por la militancia política y se convierte en un joven de la izquierda antiimperialista, como entonces se decía.

A mediados de la década de los cincuenta lo encontramos en la Guatemala de Jacobo Arbenz, donde es testigo de uno de los conflictos de la Guerra Fría librados en territorio hispanoamericano. En 1954, tras un golpe orquestado por la CIA, el coronel Arbenz, que había sido democráticamente electo, fue depuesto y marchó al exilio. Washington contribuyó decisivamente a su derrocamiento porque el presidente guatemalteco había adquirido abundante armamento en Checoslovaquia y los comunistas eran muy prominentes en su gobierno. Acabada de terminar la guerra de Corea, y dentro de los códigos binarios de la época (con Estados Unidos o con la URSS), desde la suspicaz pupila americana Arbenz “se había pasado al enemigo”. Ese factor, además de la reforma agraria que afectaba intereses norteamericanos, determinó que el presidente Eisenhower diera la orden de sustituir a ese gobierno por otro mucho más favorable a su país. La CIA se encargó de hacerlo.

Este episodio radicalizó tremendamente a Guevara y lo endureció de una forma significativa, aunque lo vivió con una mezcla de temeridad, diversión y pasión política, que se desprende de una carta que le escribe a su madre: “Aquí (Guatemala) estuvo muy divertido con tiros, bombardeos, discursos y otros matices que cortaron la monotonía en que vivía”. Pero en una nota escrita a una ex novia de la primera juventud lamenta que Arbenz no hubiese exterminado a tiempo a unos cuantos enemigos: “Si se hubieran producido esos fusilamientos, el gobierno hubiera conservado la posibilidad de devolver los golpes”. Por eso, a fines de 1956, cuando se adiestra junto a los exiliados cubanos en México, antes del desembarco del yate Granma en la Isla, el Che es partidario de la violenta intervención soviética en Hungría para aplastar el levantamiento popular. Para él el sostenimiento de la dictadura comunista, a cualquier costo, era más importante que el deseo de ser libres que mostraban los húngaros[4]. “No sorprende -agrega Vargas Llosa, de donde saco la cita-, que durante la lucha armada contra Batista, y luego tras el ingreso triunfal en La Habana, Guevara asesinara o supervisara las ejecuciones en juicios sumarios de muchísimas personas: enemigos probados, meros sospechosos y aquellos que se encontraban en el lugar equivocado en el momento equivocado”. Se había vuelto un partidario fanático de la mano dura.

Para la historia de Cuba, esos sucesos guatemaltecos, más el fortuito encuentro en México de Guevara con los hermanos Castro, fueron decisivos. Esta experiencia centroamericana es lo que precipita (no decide, sino acelera) el destino comunista y prosoviético del gobierno. Fidel, Raúl y el Che, las tres personas que en 1959 determinarían el rumbo del país, con Fidel como cabeza indiscutible del trío al que todos se subordinan, deciden actuar muy rápida y despiadadamente para atemorizar a la sociedad y no darle tiempo a reaccionar. Provisionalmente, y por muy corto tiempo, niegan que sean comunistas, pero dan todos los pasos en esa dirección y secretamente comienzan a acercarse a Moscú para plantearle un audaz quid pro quo: la vinculación de Cuba al campo comunista a cambio de protección y ayuda frente a Estados Unidos. Nikita Kruschev decide que es una buena propuesta. Si la URSS -razona- está rodeada de bases norteamericanas, ¿por qué no darles a los gringos un poco de su propia medicina?

El Che en el poder

Guevara comienza a ejercer el poder desde que manda una de las columnas guerrilleras en la lucha contra Batista. En ese periodo el suyo es sólo un poder militar. ¿Cómo se hace obedecer? Impone su autoridad por dos vías: mediante la intimidación (personalmente ejecuta a unas cuantas personas) y por el ejemplo. No tiene ni acepta privilegios. Comparte todas las penalidades y riesgos con sus soldados. Es notablemente valiente en los combates. Hace años le pregunté a Dariel Alarcón Ramírez (Benigno)[5], uno de sus lugartenientes en Sierra Maestra, y luego su compañero de aventuras internacionales -lo acompañó en las guerrillas de Bolivia y sobrevivió y escapó milagrosamente-, por qué obedecía ciegamente al argentino, y la respuesta que me dio fue interesante. Se quedó pensando un buen rato y luego me dijo: “yo creía que lo admiraba mucho, pero con el tiempo comprendí que, en realidad, lo temía”.

Guevara había descubierto una de las claves del poder dentro de los sistemas totalitarios: infundir miedo y ser implacable. Lo expresó con toda claridad en su Mensaje a la Tricontinental de 1967, definiendo cómo debe ser la actitud de un buen revolucionario: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”. Al Che le gustaba ser una fría máquina de matar. Cuando relata cómo asesinó en Sierra Maestra a un rebelde llamado Eutinio Guerra, acusado de ser un agente de Batista, anota, simplemente, en su diario: “Acabé con el problema dándole un tiro con una pistola calibre 32 en la sien derecha, con orificio de salida en el temporal derecho … sus pertenencias pasaron a mi poder”.

Después del triunfo, tras los primeros meses al frente de La Cabaña -una prisión militar asentada en una vieja fortaleza colonial española-, ejecuta o hace ejecutar a cientos de prisioneros. Sus instrucciones a los fiscales y jueces son claras: “ante la duda, mátalo”[6]. Terminado ese trabajo sucio, Fidel Castro lo convierte en presidente del Banco Nacional de Cuba y luego en Ministro de Industria. Su paso por ambos cargos es devastador. El peso cubano, que durante décadas había mantenido la paridad con el dólar, comienza a hundirse en medio de un creciente proceso inflacionario, mientras la industrialización a marcha forzada que había prometido y decretado, naufraga en medio de un terrible caos administrativo y gerencial que incluye, entre otros disparates, la importación de máquinas quitanieve. No obstante, con esa mezcla letal de arrogancia y desconocimiento que caracterizaban al Che y a todos los dirigentes revolucionarios -personas, además, sin la menor experiencia empresarial-, se atreve a asegurar, en Uruguay, en 1961, que en 1980 el per cápita de los cubanos sería superior al de los estadounidenses.

¿En qué basaba Guevara su optimismo? Primero, en la ignorancia. No tenía la menor idea sobre cómo, realmente, se creaba o se destruía la riqueza, pero quizás más graves eran sus absurdas convicciones sobre la naturaleza humana. Guevara, como buen aprendiz de marxista, creía que al desaparecer las viejas relaciones de propiedad, mágicamente se modificaría la psicología profunda de los cubanos y surgiría el hombre nuevo, una criatura desinteresada y generosa capaz de trabajar con entusiasmo sin que mediara una remuneración adecuada. De acuerdo con su visión, los verdaderos incentivos no deberían ser de carácter material sino moral. Los cubanos trabajarían incansable y eficazmente, sacrificando alegremente toda compensación sustancial, a cambio del placer revolucionario de construir un futuro maravilloso para gloria de la humanidad.

¿Pero hubo alguna vez un hombre nuevo en Cuba? Por supuesto: el propio Guevara. Para él los incentivos materiales carecían de atractivo. Por otra parte, estaba convencido de que ese rasgo de su personalidad era el único que debería exhibir la especie humana. Como un auténtico apóstol de la revolución, Guevara se percibía a sí mismo como el arquetipo de lo que debía ser un revolucionario e intentaba clonarse entre los que lo rodeaban. Les exigía que fueran austeros, arrojados, y siempre dispuesto al sacrificio. Quien no tenía esos atributos (o quien no sabía cómo simularlos) merecía su desprecio y debía ser castigado, excluido o reeducado.

Guevara, además, era homofóbico, y suponía que el hombre nuevo no podía tener otras preferencias que las heterosexuales, convencido de que cualquier desviación homosexual, rezago de los viejos tiempos de la corrompida burguesía, podía ser corregida con privaciones y castigos severos hasta que se erradicara ese maligno comportamiento. En consecuencia, a mediados de la década de los sesenta se crearon unas unidades especiales de confinamiento y maltrato, orwellianamente llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), en las que internaron en campos de trabajo forzado a miles de homosexuales, junto a otras personas que tenían el pelo largo u otros rasgos “sospechosos” a los ojos de los celosos revolucionarios, con el objeto de curarlos de esas enfermedades sociales[7].

El Che vuelve a la batalla

¿Por qué Guevara abandonó rápidamente las responsabilidades de gobierno y volvió a las actividades subversivas en otras partes del mundo hasta que fue ejecutado en Bolivia en octubre de 1967? Tal vez, en primer término, por la sensación de fracaso que debió haber sentido como encumbrado funcionario de un régimen que se hundía en el terreno económico. Era mucho más fácil dirigir un pelotón de fusilamientos o atacar un cuartel que lograr un mínimo de eficiencia en la dislocada economía de un país que en 36 meses liquidó a la clase empresarial y le puso fin a la economía de mercado, sustituyéndola por una variante colectivista de la planificación centralizada, daño terrible al que se agregó, por recomendación del propio Che, el fin de la contabilidad de costos, dado que esa vital cautela administrativa, según el guerrillero argentino, era innecesaria en el socialismo, lo que en poco tiempo acabó por pulverizar las finanzas del país.

Se produjo, también, cierto distanciamiento entre el Che y Fidel por culpa de las relaciones con la URSS, y esas fricciones contribuyeron a alejar a Guevara de Cuba. El Che tenía algunos reparos ante la Unión Soviética, pero no por el carácter represivo de Moscú, ni por los atropellos imperiales que les infligía a los satélites, sino porque el argentino parecía inclinarse más hacia el experimento maoísta, en la medida en que los chinos siempre estaban dispuestos a ayudar a los movimientos revolucionarios con armas y pertrechos, mientras la URSS veía muchas de esas actividades como muestras de un peligroso aventurerismo condenado al fracaso, más cercanas al putsch que a una verdadera revolución marxista. Fidel, en cambio, prefería el patrocinio más prudente de los soviéticos, y en su momento llegó a tener un encontronazo público con Mao.

También debe haber pesado en el ánimo del Che su carácter de condottiero moderno. De la misma manera que en 1954 se fue a la aventura guatemalteca, y dos años más tarde a la cubana, más allá de sus ideales comunistas, que sin duda los tenía, acaso había descubierto su verdadera vocación en la lucha armada, como tantos mercenarios que se enrolan en sucesivos conflictos por el íntimo placer que les proporciona la emoción de la guerra y las constantes descargas de adrenalina, sin ni siquiera detenerse a pensar en sus responsabilidades como padre de una joven familia constituida en Cuba, más la hija que había tenido con la peruana Hilda Gadea, su primera mujer.

En todo caso, al Che pronto se le vio en el Congo organizando las guerrillas, pero sin ningún éxito. El territorio africano le resultaba extraño y ajeno, y los líderes a los que debía formar en la lucha armada no resultaron peleadores y disciplinados, como él deseaba, sino desorganizados, hedonistas y dados a la corrupción. Su librito, Guerra de guerrillas, resultaba totalmente inútil en el continente negro. Frustrado, fue entonces cuando el Che comenzó a pensar en regresar a América, a un escenario que conocía mucho mejor, mientras Fidel Castro, que prefería mantenerlo alejado de la Isla[8], lo alentó a que siguiera ese camino. Más tarde, cuando la pequeña expedición fue derrotada por el ejército boliviano, los soldados ocuparon un diario de campaña, escrito con gran amargura, en el que Guevara daba cuenta de su fracaso, y de cuya lectura inevitablemente se deducía que desde el principio se trataba de un plan totalmente disparatado. ¿A quién se le podía ocurrir que un grupo de cubanos, junto a unos cuantos bolivianos, dirigidos por un médico blanco argentino, carentes de cualquier expresión de arraigo nacional, iban a convertirse en una fuerza política capaz de congregar a Bolivia tras la bandera revolucionaria?

El Che y los progres

Vuelvo al origen de estas reflexiones: con semejante biografía, ¿dónde está el asidero moral o la línea lógica de argumentación para que 250 redactores de El País hayan rechazado el editorial Caudillo Guevara? Quienes firmaron esa carta no son muchachos confundidos y deslumbrados con la foto de Korda, incapaces de saber si Guevara es un cantante de rock o un actor de cine, sino profesionales bien informados, presumiblemente comprometidos con la verdad, la libertad y la democracia.

Recapitulemos en seis aspectos fundamentales:

• Estamos ante una persona violenta dispuesta a asesinar con sus propias manos o a ordenar la ejecución de cualquiera que le pareciera un enemigo de la revolución (“ante la duda, mátalo”). Alguien que tenía (o debía tener) sobre su conciencia dos centenares de muertos, y a quien le parecía que un buen revolucionario debía ser una “fría máquina de matar”.

• El objetivo declarado de Guevara para tratar de crear “un Vietnam, dos Vietnam, muchos Vietnam” no era luchar por una humanidad más justa, sinoreproducir en todas partes un mundo infinitamente más injusto que el occidental: el modelo de sociedad maoísta o soviética que tanto luto y dolor les trajo a los seres humanos.

• Apoyó la persecución y la reeducación forzosa de homosexuales, creyentes religiosos y jóvenes aquejados por conductas extravagantes como tener el pelo largo o escuchar música americana. Fue un represor extremista y fanático a quien le parecía que la compasión con el enemigo era una expresión de debilidad.

• Tenía e impuso ideas económicas absurdas que empobrecieron a los cubanos terriblemente. Casi medio siglo después de su paso por el Banco Nacional de Cuba y por el Ministerio de Industrias continúan vigentes la libreta de racionamiento y la miseria. Ni siquiera hizo el menor aporte serio al pensamiento político de la izquierda comunista.

• Invocando unas ideas equivocadas y unos valores torcidos, fue un pésimo padre de familia. Abandonó a su primera mujer e hija para marchar a la aventura cubana. Abandonó a la segunda y a sus dos hijos para dirigir las guerrillas en el Congo y luego en Bolivia, donde perdió la vida.

• Ni siquiera fue un extraordinario estratega al que se pueda reivindicar por su genialidad militar. Sólo tuvo éxito cuando peleó bajo las órdenes de Fidel Castro.

¿Dónde están, pues, esas luces, esos grises que supuestamente debían estar y no aparecen en el editorial de El País? ¿Que era un hombre audaz hasta la temeridad? De acuerdo: los asaltantes de bancos y los traficantes de droga también suelen serlo. ¿Que estaba dispuesto a morir por sus ideales? Cierto: como Hitler, que resistió en el bunker hasta el último minuto y luego se quitó la vida. ¿Que tenía un fortísimo compromiso con una causa política y por ella estaba dispuesto a entregar la vida?
Naturalmente: como los etarras que volaron un supermercado lleno de gente en Barcelona o como los terroristas islámicos que asesinaron a decenas de españoles en la estación de Atocha.
En realidad, si de algo sirve la figura del Che a estas alturas del siglo XXI es para medir la integridad moral de las personas y su coherencia ética. Nadie que se considere un verdadero demócrata, respetuoso de la dignidad humana, puede invocar su ejemplo sin incurrir en una grave y descalificadora contradicción. ¿Quién puede, en cambio, ser genuinamente guevarista? Sin duda, las personas que creen en las virtudes y ventajas de las sociedades totalitarias y están dispuestas a admitir cualquier método para lograr establecerlas, incluido el asesinato. ¿Cuántos de los 250 firmantes de la carta de marras responden a ese perfil? Sospecho que no demasiados. Tal vez una docena. ¿Por qué, en ese caso, se prestaron a ello? No sé. Supongo que son cosas que hacen los progres.

ADDENDUM

El estudio más exhaustivo de la represión ejercida por la dictadura castrista es el realizado por el economista Dr. Armando Lago con la asistencia de María Werlau. El estudio (El costo humano de la revolución social), todavía inacabado, puede examinarse en www.CubaArchive.org Hasta el 31 de octubre de 2006 Lago y Werlau habían documentado un total de 116.540 muertos, de los cuales 5.775 corresponden a ejecuciones, 1.231 a asesinatos extrajudiciales, mientras calculan en 77.879 el número de balseros muertos o desaparecidos. Las víctimas de directas o indirectas del Che Guevara pasan de los dos centenares.
Ejecutados por el Che en la Sierra Maestra durante la lucha contra Batista (1957-1958 )

1. Aristio - 10-57
2. Manuel Capitán - 1957
3. Juan Chang - 9-57
4. “Bisco” Echevarría Martínez - 8-57
5. Eutimio Guerra - 2-18-57
6. Dionisio Lebrigio - 9-57
7. Juan Lebrigio - 9-57
8. El ” Negro ” Napoles- 2-18-57
9. “Chicho ” Osorio - 1-17-57
10. Un maestro no identificado (“El Maestro”) - 9-57
11-12. Dos hermanos, espías del grupo de Masferrer -9-57
13-14 Dos campesinos no identificados-4-57
Ejecutados o enviados a ejecutar por el Che durante su breve comando en Santa Clara ( 1-3 de enero de 1959)

1. Ramón Alba - 1-3-59**
2. José Barroso- 1-59
3. Joaquín Casillas Lumpuy - 1-2-59**
4. Félix Cruz - 1-1-59
5. Alejandro García Olayón - 1-31-59**
6. Héctor Mirabal - 1-59
7. J. Mirabal- 1-59
8. Felix Montano - 1-59
9. Cornelio Rojas - 1-7-59**
10. Vilalla - 1-59
11. Domingo Alvarez Martínez 1-4-59**
12. Cano del Prieto -1-7-59**
13. José Fernández Martínez-1-2-59
14. José Grizel Segura-1-7-59** ( Manacas)
15. Arturo Pérez Pérez-1-24-59**
16. Ricardo Rodríguez Pérez-1-11-59**
17. Francisco Rosell -1-11-59
18. Ignacio Rosell Leyva -1-11-59
19. Antonio Ruíz Beltrán -1-11-59
20. Ramón Santos García-1-12-59
21. Pedro SocarrásS-1-12-59**
22. Manuel Valdés – 1-59
23. Tace José Veláquez -12-59**
** Che firmó la pena de muerte antes de partir de Santa Clara.
Ejecuciones documentadas en la prisión Fortaleza de la Cabaña bajo el comando del Che (3 de enero al 26 de noviembre del 1959)
1. Vilau Abreu - 7-3-59
2. Humberto Aguiar - 1959
3. Garmán Aguirre - 1959
4. Pelayo Alayón - 2-59
5. José Luis Alfaro Sierra - 7-1-59
6. Pedro Alfaro - 7-25-59
7. Mriano Alonso - 7-1-59
8. José Alvaro - 3-1-59
9. Alvaro Anguieira Suárez – 1-4-59
10. Aniella - 1959
11. Mario Ares Polo- 1-2-59
12. José Ramón Bacallao - 12-23-59**
13. Severino Barrios - 12-9-59**
14. Eugenio Bécquer - 9-29-59
15. Francisco Bécquer - 7-2-59
16. Ramón Biscet– 7-5-59
17. Roberto Calzadilla - 1959
18. Eufemio Cano - 4-59
19. Juan Capote Fiallo - 5-1-59
20. Antonio Carralero - 2-4-59
21. Gertrudis Castellanos - 5-7-59
22. José Castaño Quevedo - 3-6-59.
23. Raúl Castaño - 5-30-59
24. Eufemio Chala - 12-16-59**
25. José Chamace - 10-15-59
26. José Chamizo - 3-59
27. Raúl Clausell - 1-28-59
28. Angel Clausell - 1-18-59
29. Demetrio Clausell - 1-2-59
30. José Clausell-1-29-59
31. Eloy Contreras- 1-18-59
32. Alberto Corbo - 12-7-59**
33. Emilio Cruz Pérez - 12-7-59**
34. Orestes Cruz – 1959
35. Adalberto Cuevas – 7-2-59**
36. Cuni - 1959
37. Antonio de Beche - 1-5-59
38. Mateo Delgado-12-4-59
39. Armando Delgado - 1-29-59
40. Ramón Despaigne - 1959
41. José Díaz Cabezas 7-30-59
42. Fidel Díaz Marquina – 4-9-59
43. Antonio Duarte - 7-2-59
44. Ramón Fernández Ojeda - 5-29-59
45. Rudy Fernández - 7-30-59
46. Ferrán Alfonso - 1-12-59
47. Salvador Ferrero - 6-29-59
48. Victor Figueredo - 1-59
49. Eduardo Forte - 3-20-59
50. Ugarde Galán - 1959
51. Rafael García Muñiz - 1-20-59
52. Adalberto García 6-6-59
53. Alberto García - 6-6-59
54. Jacinto García - 9-8-59
55. Evelio Gaspar - 12-4-59**
56. Armada Gil y Diez y Diez Cabezas- 12-4-59**
57. José González Malagón - 7-2-59
58. Evaristo Benerio González - 11-14-59
59. Ezequiel González-59
60. Secundino González - 1959
61. Ricardo Luis Grao – 2-3-59
62. Ricardo José Grau - 7-59
63. Oscar Guerra – 3-9-59
64. Julián Hernádez -2-9-59
65. Francisco Hernández Leyva – 4-15-59
66. Antonio Hernández - 2-14-59
67. Gerardo Hernández - 7-26-59
68. Olegario Hernández - 4-23-59
69. Secundino Hernández - 1-59
70. Rodolfo Hernández Falcón – 1-9-59
71. Raúl Herrera -2-18-59
72. Jesús Insua-7-30-59
73. Enrique Izquierdo- 7-3-- 59
74. Silvino Junco – 11-15-59
75. Enrique La Rosa- 1959
76. Bonifacio Lasaparla- 1959
77. Jesús Lazo Otaño -1959
78. Ariel Lima Lago – 8-1-59- (Menor)
79. René López Vidal -7-3-59
80. Armando Mas – 2-17-59
81. Ornelio Mata- 1-30-59
82. Evelio Mata Rodriguez- 2-8-59
83. Elpidio Mederos -1-9-59
84. José Medina -5-17-59
85. José Mesa 7-23-59
86. Fidel Mesquía Díaz 7-11-59
87. Juan Manuel Milián - 1959
88. Jose Milián Pérez – 4-3-59
89. Francisco Mirabal – 5-29-59
90. Luis Mirabal - 1959
91. Ernesto Morales - 1959
92. Pedro Morejón – 3-59
93. Carlos Muñoz M.D.- 1959
94. César Nicolardes Rojas- 1-7-59
95. Víctor Nicolardes Rojas- 1-7-59
96. José Nuñez – 3-59
97. Viterbo O’Reilly – 2-27-59
98. Félix Oviedo – 7-21-59
99. Manuel Paneque – 8-16-59
100. Pedro Pedroso – 12-1-59**
101. Diego Pérez Cuesta - 1959
102. Juan Pérez Hernández – 5-29-59
103. Diego Pérez Crela - 4-3-59
104. José Pozo – 1-59
105. Emilio Puebla – 4-30-59
106. Alfredo Pupo – 5-29-59
107. Secundino Ramírez – 4-2-59
108. Ramón Ramos - 4-23-59
109. Pablo Ravelo Jr. – 9-15-59
110. Rubén Rey Alberola – 2-27-59
111. Mario Risquelme – 1-29-59
112. Fernando Rivera – 10-8-59
113. Pablo Rivero- 5-59
114. Manuel Rodríguez – 3-1-59
115. Marcos Rodríguez -7-31-59
116. Nemesio Rodríguez – 7-30-59
117. Pablo Rodriguez – 10-1-59
118. Ricardo Rodriguez – 5-29-59
119. Olegario Rodriguez Fernández-4-23-59
120. José Saldara – 11-9-59
121. Pedro Santana – 2-59
122. Sergio Sierra – 1-9-59
123. Juan Silva – 8-59
124. Fausto Silva – 1-29-59
125. Elpidio Soler- 11-8-59
126. Jseús Sosa Blanco – 2-8-59
127. Renato Sosa- 6-28-59
128. Sergio Sosa – 8-20-59
129. Pedro Soto – 3-20-59
130. Oscar Suárez – 4-30-59
131. Rafael Tarrago – 2-18-59
132. Teodoro Tellez Cisneros- 1-3-59
133. Francisco Tellez-1-3-59
134. José Tin- 1-12-59
135. Francisco Travieso -1959
136. Leonrardo Trujillo – 2-27-59
137. Trujillo - 1959
138. Lupe Valdéz Barbosa – 3-22-59
139. Marcelino Valdéz – 7-21-59
140. Antonio Valentín – 3-22-59
141. Manuel Vázquez-3-22-59
142. Sergio Vázquez-5-29-59
143. Verdecia - 1959
144. Dámaso Zayas -7-23-59
145. José Alvarado -4-22-59
146. Leonoardo Baró- 1-12-59
147. Raúl Concepción Lima - 1959
148. Eladio Caro – 1-4-59
149. Carpintor - 1959
150. Carlos Corvo Martíenz - 1959
151. Juan Guillermo Cossío - 1959
152. Corporal Ortega – 7-11-59
153. Juan Manuel Prieto - 1959
154. Antonio Valdéz Mena – 5-11-59
155. Esteban Lastra – 1-59
156. Juan Felipe Cruz Serafín-6-59**
157. Bonifacio Grasso – 7-59
158. Feliciano Almenares – 12-8-59
159. Antonio Blanco Navarro – 12-10-59**
160. Albeto Carola – 6-5-59
161. Evaristo Guerra- 2-8-59
162. Cristobal Martínez – 1-16-59
163. Pedro Rodríguez – 1-10-59
164. Francisco Trujillo- 2-18-59

** El Che firmó la sentencia de muerte, pero la ejecución se efectuó luego de que dejara su comando.

----------------------------------
[1] Al final del trabajo se adjunta una lista de las personas directa o indirectamente ejecutadas por el Che y las fechas en las que fueron eliminadas. Son cerca de 200. También se incluye una nota introductoria que resume el número de víctimas mortales a lo largo de medio siglo de dictadura.

[2] Carta a su primera esposa, Hilda Gadea, escrita desde suelo cubano durante la lucha contra Batista.

[3] El artículo se titula Mi primo el Che, publicado en La Nación de Buenos Aires fue ampliamente reproducido. Puede leerse en la página web del Independent Institute.

[4] Testimonio del comandante Jaime Costa, ex expedicionario del Granma y luego preso político del castrismo durante muchos años. Vive exiliado en Miami.

[5] Exiliado en París desde los años noventa. Escribió un libro importante sobre su vida y relaciones con Guevara: Memorias de un soldado cubano. Vida y muerte de la revolución. Tusquets, Barcelona, 1997.

[6] Citado por Álvaro Vargas Llosa.

[7] Además de los homosexuales o de jóvenes acusados de conductas extravagantes por el largo de su cabello o por las ropas que usaban, muchos creyentes, católicos, protestantes y Testigos de Jehová fueron también internados en los campos de trabajo. Entre las personas hoy más conocidas que pasaron por esa experiencia están el cardenal Jaime Ortega Alamino y el cantautor Pablo Milanés.

[8] Este es un aspecto en el que coinciden prácticamente todos los biógrafos serios, incluidos los mencionados en este trabajo. Más aún, hoy se cree que la famosa carta de despedida del Che es apócrifa y fue redactada por Fidel Castro, y públicamente divulgada por el cubano con el objeto de cerrarle la puerta de regreso a la Isla.

Mensajes: 1802 | Registrado: Jul 2003  |  IP: Archivada | Mandar este mensaje al moderador
Tamakun1
Miembro
Usuario # 4867

Valoración de usuario
 - Enviado el      Perfil para Tamakun1     Enviar un mensaje privado       Editar o borrar mensaje   Responder citando 

La cara oculta del Ché


París, 22 de diciembre de 2007.
Mi querida Ofelia,

Jacobo Machover, es una de las principales personalidades disidentes cubanas de la Ciudad Luz. No sólo es un brillante profesor universitario, sino también, escritor, periodista y traductor. Su actividad disidente por hacer conocer la verdad sobre lo que ha ocurrido a lo largo de este casi medio siglo en la antaño conocida como La Perla de las Antillas y hogaño convertida en Isla del Dr. Castro, lo han llevado a escribir un nuevo libro: La face cachée du Ché.

No se trata de una biografía más del argentino convertido en mito y en producto de la sociedad de consumo, sino de un trabajo profundo realizado con rigor intelectual, mediante el análisis de la correspondencia con familiares y amigos, las declaraciones y discursos, a lo cual se agregan los testimonios de personas que trabajaron o vivieron junto al Dr. Guevara de la Serna.

Hay anécdotas que hoy nos pueden hacer sonreír o disgustar, como las declaraciones del filósofo francés Jean Paul Sartre, que lo consideraba como “el hombre más completo de su época”. La celebérrima canción de Carlos Puebla “Hasta siempre, Comandante”, convertido en himno para turistas de la habanera Bodeguita del Medio, donde éstos la escuchan mientras brindan con mojitos acompañados de sus jineteras ( “las prostitutas más cultas del mundo” según declaraciones del Coma-Andante en Jefe). La canción del reeducado en las U.M.A.P. Pablo Milanés: “Si el poeta eres tú (...) Comandante”. Hasta la declaraciones de la Sra. Régine Deforges, escritora francesa de best-sellers que calificó al Ché como: “El poeta de la Cabaña”.

Machover había publicado entre otras obras aquí en Francia : “Cuba totalitarisme tropical”(Paris, Buchet/Chastel, 2004 ) y “L’An prochain à...La Havane”(Paris, Les Éditions de Paris-Max Chaleil, 2001).

Este libro que desmonta el mito Guevara , Jacobo lo dedica: “A Moisés, el que había creído en esta historia, antes de ser aplastado por ella”
A continuación te envío la traducción al castellano de algunas páginas del excelente libro de Machover, el cual le ha costado tantos insultos y amenazas por los admiradores del Ché Guevara y del régimen de Castro en estos lares.

“Los fusilamientos
“Hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando.”


“En varias oportunidades el Ché venía, sutilmente. Se subía a aquel muro. No era difícil subirlo porque tenía una escalera. Se acostaba boca arriba allí a fumar un habano y a ver los fusilamientos. Eso se comentaba en toda la soldadesca de La Cabaña. Los soldados míos me decían: “Cuando estábamos en el pelotón de fusilamiento, veíamos al Ché fumándose un tabaco arriba en el muro.” Les daba fuerza a los que iban a disparar. Para aquellos soldados que nunca antes habían visto al Ché, era una cosa importante. Les daba mucho valor.”

He aquí el testimonio de Dariel Alarcón Ramírez, alias “Benigno”, uno de los más antiguos y fieles compañeros de armas del Ché Guevara, sobreviviente de la guerrilla en Bolivia, exiliado político en Francia desde 1996. “Benigno” siguió ciegamente al Ché en todas sus aventuras, primero en la guerrilla contra Batista, luego cuando era miembro del Gobierno en Cuba, por fin en el Congo o en Bolivia. En aquella época, no se cuestionaba absolutamente nada. Para él, todas esos actos formaban parte de un mismo objetivo: un combate planetario contra la injusticia. Revolución y represión eran indisolublemente complementarias. Tardó años antes de atreverse a criticar la figura del Ché y a aceptar de que no era solamente el guerrillero rebelde contra la dictadura de Batista sino también uno de los principales responsables de la represión llevada a cabo por el Gobierno revolucionario[1].

Tribunales revolucionarios y paredón

El Ché Guevara ejerció su primer puesto de mando en la prisión de La Cabaña, que domina el costado oriental de la bahía de La Habana, detrás del castillo del Morro cuyo faro brinda la primera imagen de la ciudad. Allí supervisó los fusilamientos ordenados por el nuevo poder revolucionario. Se trata de una imponente fortaleza, construida por los españoles en los tiempos de su dominación colonial, que servía para proteger la entrada de la ciudad de las incursiones enemigas, de los corsarios o piratas, sobre todo ingleses. Siempre fue una prisión, una cárcel primitiva, anacrónica, donde podían producirse todo tipo de exacciones, al amparo de cualquier mirada u observación, lejos del centro de la capital. La revolución no falló a la regla.

Aquel puesto de mando constituyó una de las principales responsabilidades militares del Ché.

Resulta difícil imaginarse al que ha sido presentado como un eterno rebelde en la piel de un verdugo implacable. Ésa fue, sin embargo, la imagen indeleble que dejó entre aquellos cubanos que perdieron a algún familiar en el transcurso de ese período. La memoria del Ché no es la misma para todos.

Como “comandante en jefe” de la prisión de La Cabaña, puesto que ocupó desde el 3 de enero de 1959 hasta el mes de julio, y como responsable de la Comisión Depuradora (según su denominación oficial), el Ché dio la orden de ejecutar cerca de ciento ochenta sentencias de muerte. Los tribunales revolucionarios funcionaban sin parar dentro de la fortaleza. Las órdenes, sin embargo, llegaban desde más arriba, de Fidel Castro en persona.

“El Ché era jefe militar de La Cabaña. Había una plaza militar muy grande allí, con más de mil soldados”, explica “Benigno”. “Eran él y Jorge (“Papito”) Serguera, que eran comandantes los dos, los que presidían los juicios que se hacían. Se turnaban. Un día lo hacía uno, otro día lo hacía otro. Los juicios nunca comenzaban hasta que llegaba el correo militar, la entrega al oficial de guardia de un sobre manila lacrado, entre las cinco y media y las seis de la tarde. Había veces que eran las seis y media y todavía no había llegado el correo. El Ché estaba impaciente: “Miren la hora que es y todavía no ha llegado el correo.” El sobre, lo que traía era la gente que se iba a juzgar ese día. Allí venía la sentencia de cada uno. Ese papel venía del estado mayor y estaba firmado por Fidel, de eso no cabe la menor duda.

Yo iba en muchas ocasiones a La Cabaña por mi trabajo. Era capitán en la policía militar de La Habana. Tenía que mandar del cuartel de San Ambrosio, todos los días, una escuadra de soldados que iban para los fusilamientos. Se sacaban de voluntarios.

He alcanzado a ver a un hombre al que habían puesto ya en el paredón de fusilamiento. Detrás de las galeras, yo vi que había tres palos, tres postes clavados allí, y vi que llevaron a uno, le amarraron las manos hacia atrás y le pusieron una venda. Yo veía a ese hombre vivo, que empezaba a implorar por su madre, por sus hijos, que empezaba a corregirse y a orinarse. Vino un cura y yo me decía: “¡Coño! ¿A qué carajo viene el cura, si lo van a matar?” Le di la espalda y me fui. No he podido ver eso nunca. Cuando le tiran y le meten la descarga, se me estremece el cuerpo. A mí se me vuelve la carne de gallina. No sé si es miedo. Yo he sido sin embargo un guerrero toda la vida, y hay gente que cree que un guerrero mata a sangre fría, que la muerte es para él un alimento. Para mí, no.”

Los fusilamientos siguieron produciéndose una vez finalizado el mando del comandante Ché Guevara al frente de la fortaleza de La Cabaña, así como en otros lugares de la isla. Él no era más que un eslabón de la cadena, pero era particularmente aplicado en la práctica de las condenas a muerte.

El abogado José Vilasuso, hoy día exiliado, figuraba entre los que trataron los expedientes de los hombres condenados por la Comisión Depuradora. Así transcribe las instrucciones dadas por el Ché Guevara:

“No demoren las causas, esto es una revolución, no usen métodos legales burgueses, las pruebas son secundarias. Hay que proceder por convicción. Es una pandilla de criminales, de asesinos. Además, recuerden que hay un tribunal de Apelación.”

En cuanto al tribunal de Apelación de La Cabaña, José Vilasuso precisa:

“El tribunal nunca declaró con lugar un recurso [2].”

Guevara tomó solo la iniciativa, sin esperar consignas desde más arriba, de ordenar la detención, la condena a muerte y el fusilamiento de algunos miembros del régimen de Batista. Fue el caso, sobre todo, del teniente Castaño, uno de los responsables del Buró de repressión de las actividades comunistas, el BRAC, un oficial que se encargaba esencialmente de recoger información sin estar implicado en la represión directa. Fue arrestado por un comando especial inmediatamente después de la llegada de las tropas del Ché a La Habana, aislado en una celda en La Cabaña y fusilado, luego de un juicio sumario, en marzo de 1959. No se le acusó de ningún crimen de sangre.

El comandante de la fortaleza practicó también simulacros de ejecución en los primeros meses de 1959, como con Fausto Menocal, hoy día exiliado en Madrid, quien se salvó de milagro, gracias a su condición de descendiente de un antiguo presidente de la República de Cuba, Mario García Menocal, y porque la acusación no había podido probar nada contra él. Acusado de ser chivato y de haber denunciado a un grupo de revolucionarios, fue detenido primero en la Ciudad Deportiva. Desde allí numerosos fueron los hombres llevados directamente, sin juicio, por grupos de tres, ante el paredón. Fue encarcelado después en La Cabaña entre el 5 de enero y el 30 de abril de 1959. El trato que le fue reservado fue particularmente humillante. Tuvo que quedarse de pie durante cuarenta horas, día y noche, sin comer ni beber y sin poder efectuar sus necesidades, en el despacho del comandante, un largo pasillo por el cual circulaban hombres armados y uniformados que le hacían firmar a éste las órdenes o que le traían instrucciones, burlándose abiertamente del prisionero, hasta el momento en que cayó de inanición. Guevara en persona era quien se encargaba de interrogarlo. Fue llevado luego a una pequeña celda que compartió con varias personas que dormían en el suelo. Una tarde, fue el Ché a decirle: “Mire, Menocal, lo vamos a fusilar esta noche.”

“Me llevaron ante el paredón, cuenta Fausto Menocal. Me ataron a un poste, me vendaron los ojos y luego hubo una descarga de fusiles. Entonces vinieron a darme lo que yo creía ser el tiro de gracia. Sentí un ruido monstruoso en la sien. En realidad era un golpe dado a la culata del fusil. Me desmayé. Creí que estaba muerto hasta que, una vez que me habían vuelto a llevar dentro de la celda, oí el cantío de un gallo. Allí me di cuenta de que estaba vivo.”[2][3]
Apología de los fusilamientos ante las Naciones Unidas

El comandante de la fortaleza de La Cabaña no había tenido que cambiar de uniforme para pasar del rol de guerrillero que combatía contra una tiranía al de responsable de la represíón llevada a cabo por el nuevo régimen revolucionario. ¿Eran contradictorias esas dos funciones? No para Guevara, convertido en portavoz internacional del gobierno castrista, quien declarará en la tribuna de la Asamblea general de las Naciones Unidas en Nueva York, el 11 de diciembre de 1964, en respuesta a las críticas dirigidas contra Cuba por varios representantes de gobiernos latinoamericanos y el de Estados Unidos:

“Hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte. Nosotros sabemos cuál sería el resultado de una batalla perdida y también tienen que saber los gusanos cuál es el resultado de la batalla perdida hoy en Cuba [3][4].”

Resultaba sorprendente oir, en esos años, al portavoz de un país hacer, en el más importante foro internacional, la apología de las ejecuciones practicadas bajo su responsabilidad. Castro, por su parte, no debía apreciar particularmente que su fiel pero incontrolable lugarteniente se dejara llevar por tanto lirismo, apartándose del discurso oficial que acabababa de pronunciar, para contestar a las acusaciones que perseguían al régimen castrista desde su instauración, razón que había motivado las intervenciones de varios delegados ante la Asamblea general de la ONU. En aquella época, en efecto, los fusilamientos (que seguían vigentes y lo fueron cerca de cincuenta años) ya no aparecían en primera plana de los pocos periódicos que aún existían en Cuba, como había sido el caso a diario en los primeros meses de la revolución. Por supuesto, los contrarrevolucionarios, los que se habían manifestado, de una manera u otra, en contra de la política del régimen y los que habían tomado el camino del exilio (unánimamente designados como “gusanos”) no merecían ninguna consideración por parte del régimen y menos aún por parte de Guevara. Pero Fidel Castro había entendido que no iba a sacar ningún provecho, en términos de imagen, en seguir proclamando ante el mundo entero que la revolución continuaba a fusilar a muchos de sus opositores. La intervención improvisada del Ché Guevara sólo podía irritar profundamente al Comandante en jefe.

Las palabras pronunciadas por Guevara, no siempre controladas por Fidel Castro, en distintas conferencias internacionales, iban a provocar su caida en disgracia y su partida de Cuba unos meses más tarde, en 1965.
En su réplica frente a los delegados que se habían atrevido a emitir críticas al gobierno cubano, el Ché declaraba:

“Soy cubano y también soy argentino y, si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie [4][5].”

Así Guevara, en un mismo discurso, unia a su reivindicación proclamada de las obras menos confesables de la revolución cubana su deseo de buscar la muerte bajo otros cielos. El sacrificio de los demás era sólo el preludio al suyo.

Frente a la muerte

Valgo más vivo que muerto

“Se puso blanco como un papel. Nunca he visto a una persona perder la expresión de la cara así como la perdió él.”[5][6]

Quien libra ese testimonio sobre los últimos instantes de la vida de Ernesto Guevara es el capitán Félix I. Rodríguez, antiguo agente de la CIA, “guerrero de las sombras”, que estuvo, desde su más temprana edad y a lo largo de su vida, implicado en todos los combates anticomunistas, en Cuba, en Bolivia, en Vietnam, en Nicaragua, en El Salvador y en otros teatros de operaciones. Fue él quien dio la orden al sargento Mario Terán de acabar con la vida del guerrillero argentino, el 9 de octubre de 1967. Con otros agentes de origen cubano, entre ellos Gustavo Villoldo, Julio Gabriel García o Mario Riverón, su misión consistía en brindarle apoyo al Ejército boliviano en su búsqueda de los miembros de la guerrilla y, luego, en interrogar a su enemigo preso.

La captura del Ché

El Che Guevara, después de haber errado durante meses en las selvas y montañas de Bolivia, había caído en una emboscada tendida, dentro de la quebrada del Yuro, por los rangers bolivianos al mando del capitán Gary Prado.

“Había una tendencia fuerte en la CIA de que el Che había muerto en África, cuenta Félix I. Rodríguez. Sin embargo, cuando surgen Debray y Bustos, la CIA supo que Debray no iba a ir allí por un imbécil, además Debray había sido amigo de Guevara. La captura de Bustos y de Debray confirmó su presencia en Bolivia. Bustos dibujó las caras de todos los guerrilleros, incluyendo la del Ché Guevara, de la forma en que lucía en ese momento. Es entonces cuando empieza el gran dispositivo de entrenar las tropas especiales y poner a la CIA para que le diera la capacidad de Inteligencia a la octava división del Ejército boliviano. Poco después hubo un encuentro con el grupo de “Joaquín”, que había quedado separado de la tropa del Ché, en el que murieron el mismo “Joaquín”, y Tamara Bunke (“Tania”), que trabajaba para la Inteligencia de Alemania del Este. Encontraron el cadáver de “Tania” con toda la cara podrida y casi sin pelo porque se metió como cuatro días bajo el agua y cuando la sacaron estaba hecha leña ya.

En ese grupo cogieron preso a un boliviano llamado José Castillo Chávez (“Paco”). Ya yo sabía, por las informaciones de Debray y de Bustos, que “Paco” quería irse de la guerrilla porque no era guerrillero ni mucho menos, aunque era comunista. A él lo engañaron. Lo utilizaban para que cargara las municiones y la comida de la demás gente del grupo. Le dijeron que cuando hubiera una oportunidad lo iban a dejar salir de la guerrilla. O sea, yo sabía que era un tipo que estaba dispuesto a cooperar. Entonces le pedí al general que estaba al frente del batallón que me dejara intentar sacarle información. Él se quedó mirando y pidió que me entregaran al prisionero. Cuando lo trasladábamos, “Paco” empezó a llorar, diciendo que lo íbamos a matar. Hizo un esquema del lugar donde estaban los que quedaban vivos y los cadáveres. Tenía una memoria extraordinaria, aparentemente.

Él tenía dos balazos, que por cierto tenían gusanos, y como no lo dejaban llevar al hospital, yo contraté a una enfermera con el dinero nuestro de la CIA. Le pagué para que trajera antibióticos y lo curara. Eso fue lo que le salvó la vida.”

Según Félix I. Rodríguez, las relaciones entre la CIA y el Ejército boliviano no eran idílicas. Los bolivianos no tenían la intención de ser indulgentes contra sus prisioneros. Los americanos, al contrario, pensaban que era más pertinente guardar al Che y a sus compañeros con vida en lugar de transformarlos en mártires.

El Ché Guevara había entendido lo mismo cuando fue hecho prisionero por los soldados bolivianos. A ellos les gritó: “¡No disparen! Soy Che Guevara. Valgo más vivo que muerto.”
El capitán de los rangers Gary Prado, quien figuraba al frente de los hombres que capturaron al Ché el 8 de octubre de 1967 en la quebrada del Yuro, cuenta la siguiente escena entre el prisionero, dos de sus hombres y él mismo:

“En ese momento salió de la quebrada un soldado sangrando. Era Valentín Choque. Tenía dos heridas, una en la parte posterior del cuello y otra en la espalda. No eran graves. Sánchez rasgó una camisa que estaba en la mochila del Ché, para hacer unas vendas.

• ¿Quiere que lo cure, capitán? – preguntó de pronto el Ché.

• ¿Es usted médico acaso?

• No -contestó el detenido. Pero entiendo de medicina. Además, en la Sierra, aprendí hasta a sacar muelas. ¿Atiendo al soldado?
-
No, deje nomás”[6][7]

Ese diálogo con el comandante guerrillero revelaba una vez más su visión, más bien dilettante, de su formación inicial.

Éstas son las últimas impresiones de Gary Prado sobre el Ché:

“Era un hombre derrotado que se preguntaba cuál sería su futuro.”

Estuvo con el Ché unas quince horas hasta que lo entregó al comandante de la división. “Lo he entregado vivo”, precisaba.[7][8]

En los momentos decisivos, el Ché Guevara seguía afirmando sus convicciones. Pero ya no demostraba como antaño aquel desprecio hacia su propia muerte tantas veces proclamado. Había recobrado, de alguna manera, instintos y sentimientos humanos.

Diálogo entre dos enemigos

Cuarenta años han pasado desde la mañana del 9 de octubre en que el Ché fue asesinado. Ese día, el capitán de la CIA Félix I. Rodríguez tenía frente a él al adversario al que perseguía desde hacía meses. No obstante, la conversación que relata entre ambos no está marcada por el odio:
“Al principio, cuando yo llegué, yo sabía que iba a ver a una persona de la cual yo tenía conocimiento de todo lo que había hecho, de lo criminal que había sido en la fortaleza de La Cabaña, de los centenares de cubanos que habían sido víctimas de él. Obviamente sentía una gran repugnancia por el individuo. Sin embargo, cuando vi a aquel ser humano tirado en el suelo, atado de pies y manos -a veces yo estaba hablando con él y mi mente se iba a la imagen que yo tenía, de aquel hombre arrogante-, y verlo allí en la escuela destruido, hecho leña... Lo que parecía era un pordiosero, no un soldado. No tenía ni siquiera botas, eran unos pedazos de cuero amarrados en los pies. La ropa raída, sucia. No era un uniforme ni mucho menos. Era un desastre. Y sentí lástima hacia esa persona. Se me olvidaron en aquel momento todas las cosas que había hecho y nos tratamos con mucho respeto los dos.”

Los últimos intercambios verbales de Guevara tuvieron lugar con ese hombre, uno de sus más férreos enemigos desde su entrada triunfal en La Habana y, sobre todo, desde que la revolución había decidido adoptar la ideología comunista. En varias ocasiones, pudo conversar con él, recogiendo sus últimas palabras, lo que se podría considerar como su testamento no oficial.
El Ché Guevara había entendido perfectamente quién era su interlocutor, que se hacía llamar Félix Ramos. Cuando éste había empezado a interrogarlo, le preguntó: “¿Tú no eres boliviano?” El agente de la CIA le contestó: “Comandante ¿quién cree usted que sea yo?” A lo que el Ché respondió: “Tú puedes ser puertorriqueño o cubano. Por las preguntas que tú me has hecho, tú estás trabajando para un servicio de Inteligencia.”

Rodríguez le dijo su nombre de pila y le reveló que había formado parte de los comandos de infiltración contrarrevolucionaria que habían precedido el desembarco de Bahía de Cochinos.
“Hemos hablado de la economía de Cuba, relata Rodríguez, y de la manera en que había sido designado presidente del Banco Nacional de Cuba. Después él me dijo que ellos fusilaban en Cuba a todos los agentes extranjeros que invadían el país. Entonces le dije: “Comandante, es irónico que usted me lo diga, porque usted es extranjero y ha invadido Bolivia.” Entonces levantó la pierna, me enseñó la herida y me dijo: “Mira, Félix, ésas son cosas que tú no entiendes porque pertenecen al proletariado. Yo estoy derramando mi sangre en Bolivia pero soy tan cubano como argentino o boliviano.””

Frente a la muerte, Guevara hacía alarde de su fe internacionalista, como lo había hecho anteriormente en las Naciones Unidas, al responder a las críticas de varios delegados en relación con las ejecuciones en Cuba. ¿Creía en ese momento que iba a poder defenderse ante un tribunal, lo que le daría la ocasión de proclamar sus convicciones más profundas? Allí arriesgaría hasta treinta años de cárcel, ya que la pena de muerte no existía en Bolivia.
Félix I. Rodríguez tuvo que tomar otra decisión. He aquí su versión:

“Las consignas que me transmitió el mayor Saucedo eran claras. Me dijo: “Hay órdenes del alto mando: “500-600”. “500” era en el código sencillo que teníamos la identidad del guerrillero. “600” significaba “muerto.””
A partir de ese momento, el destino del Ché estaba sellado.

Cuando entró por última vez en el aula de la escuela de La Higuera donde estaba preso, Félix I. Rodríguez le anunció a Guevara que iba a ser ejecutado: “Comandante, lo siento. Yo he tratado. Son órdenes superiores.”

Rodríguez prosigue: “Él estaba destruido. Pensaba que no lo iban a matar. Pensó que iba a ir preso porque había el juicio pendiente en Camiri de Régis Debray y Ciro Bustos. Además había fotos delante de todo el mundo, entre ellas una que se conservó, en la que lo rodeamos tres soldados bolivianos y yo agarrándolo del hombro. Sin embargo me dijo: “Es mejor así. Yo nunca debí haber caído preso vivo.”

Entonces sacó una pipa que llevaba y me dijo que quería entregarla a “un soldadito que se portó bien”. En ese momento, el sargento Terán, que era el que estaba ejecutando a varios guerrilleros presos, entró pidiendo quedarse con la pipa. El Ché dijo que a él no se la daba. Le pregunté si me la dejaba a mí. Se quedó pensando y me dijo: “A ti, sí.” Le pregunté si podía hacerle llegar algún mensaje a su familia. Me dijo en una forma sarcástica: “Si puedes, dile a Fidel que pronto verá una revolución triunfante en América. Y si puedes, dile a mi señora que se case otra vez y que trate de ser feliz.”

Vino adonde estaba yo, me dio la mano, me dio un abrazo. Se paró, pensando que era yo el que le iba a tirar. Salí de la escuela. Estaba eso lleno de soldados allí afuera. Le dije al sargento Terán: “Sargento, hay órdenes de su gobierno de eliminar al prisionero. No le tire para arriba, tire para abajo, que se suponga que haya muerto de heridas en combate.” Me retiré al puesto avanzado que yo tenía. A la una y veinte escuché las ráfagas. Fue la hora en que el Ché Guevara murió.

Era la primera vez que a mí me tocaba una situación de ese tipo, nunca antes, y espero que nunca más.”

Al entregar su pipa al capitán de la CIA Félix I. Rodríguez, el Ché reproducía el gesto del “traidor” Eutimio Guerra, cuando éste le había dado su reloj al guerrillero argentino, el que fuera su verdugo, diez años antes.

Finalmente, Rodríguez le ofreció la pipa al sargento Mario Terán, que ejecutó la orden del estado mayor boliviano, pero conservó el tabaco que el Ché había fumado en parte y se apropió su reloj, un Rolex que llevó siempre en la muñeca, como trofeo de guerra.

La versión de Fidel Castro

El Ché no tuvo la muerte que había deseado. Para Fidel Castro era inconcebible que hubiera podido demostrar su debilidad en el momento decisivo. Tenía que hacer de él un héroe infalible. La explicación de su captura por el Ejército boliviano brindada por Castro en su “Introducción necesaria” al Diario de Bolivia de Guevara, publicado en varios idiomas en julio de 1968, hace referencia a una serie de casualidades (por cierto ¿quién se las podía haber contado?), destinadas a difundir la creencia de que la única alternativa que tenía era la detención:

“Se ha podido precisar que el Ché estuvo combatiendo herido hasta que el cañón de su fusil M-2 fue destruido por un disparo, inutilizándolo totalmente. La pistola que portaba estaba sin “magazine”. Estas increíbles circunstanscias explican que lo hubiesen podido capturar vivo.”[8][9]

En su texto, Castro describe, a su manera, la actitud del Ché, que tanto iba a contribuir a la expansión de su leyenda:

“Trasladado al pueblo de Higueras permaneció con vida alrededor de 24 horas. Se negó a discutir una sola palabra con sus captores, y un oficial embriagado que intentó vejarlo recibió una bofetada en pleno rostro.”[9][10]

Su descripción no coincide para nada con la del ex-agente de la CIA Félix I. Rodríguez, del que el Líder Máximo, en aquel momento, ignoraba la presencia en el lugar de los hechos.

Castro cuenta luego, con una infinidad de detalles, algunos de un realismo asombroso, otros completamente inventados, los últimos instantes de su antiguo compañero de armas, embelleciendo a su antojo las palabras dirigidas por Guevara al sargento Mario Terán. Su relato sería de ahí en adelante la versión unánimemente aceptada sobre la muerte del Ché, que nadie se atrevería a cuestionar:

“Reunidos en La Paz, Barrientos, Ovando y otros altos jefes militares, tomaron fríamente la decisión de asesinarlo. Son conocidos los detalles de la forma en que procedieron a cumplir el alevoso acuerdo en la escuela del pueblo de Higueras. El mayor Miguel Ayoroa y el coronel Andrés Selnich, rangers entrenados por los yanquis, instruyeron al sub-oficial Mario Terán para que procediera al asesinato. Cuando éste, completamente embriagado, penetró en el recinto, Ché -que había escuchado los disparos con que acababan de ultimar a un guerrillero boliviano y otro peruano- viendo que el verdugo vacilaba le dijo con entereza: “¡Dispare! ¡No tenga miedo!” Éste se retiró, y de nuevo fue necesario que los superiores Ayoroa y Selnich le repitieran la orden, que procedió a cumplir, disparándole de la cintura hacia abajo una ráfaga de metralleta. Ya había sido dada la versión de que el Ché había muerto varias horas después del combate y por eso los ejecutores tenían instrucciones de no disparar sobre el pecho ni la cabeza, para no producir heridas fulminantes. Eso prolongó cruelmente la agonía del Ché, hasta que un sargento -también ebrio- con un disparo de pistola en el costado izquierdo lo remató. Tal proceder contrasta brutalmente con el respeto del Ché, sin una sola excepción, hacia la vida de los numerosos oficiales y soldados del ejército boliviano que hizo prisioneros.”[10][11]

En Cuba, el “día del guerrillero heroico” que, cada año, conmemora la muerte de Guevara, se festeja el 8 de octubre, día en que se produjo su captura, y no el 9 de octubre, día de su muerte, como si las autoridades castristas hubieran querido modificar el rumbo de la historia y disimular su rendición, cosa absolutamente normal frente a unos adversarios perfectamente entrenados y cuyo número era infinitamente superior al de los guerrilleros que tenían enfrente.


La venganza

Las condiciones sórdidas en que fue asesinado Ernesto Guevara darían de él una imagen aún más impactante, no la de un hombre muerto en combate, sino la de un mártir desarmado, asesinado a sangre fría.

Peor, inclusive: la de un hombre mutilado. En una reunión mantenida durante la noche del 9 de octubre, el general Ovando le ordenó a uno de sus oficiales: “Si Fidel Castro negase que éste es el Ché Guevara, nosotros necesitamos una prueba fehaciente: córtenle la cabeza y pónganla en formol.” Félix I. Rodríguez, consciente del efecto que ese acto podría provocar con respecto a la imagen del Ejército boliviano y, sobre todo, a la de la CIA, le contestó: “Mi general, usted no puede hacer eso. Usted no puede presentar una cabeza como prueba. Si quiere una prueba, habría que cortarle un dedo. Tenemos las huellas digitales de la Policía federal argentina.” Ovando se quedó pensativo y dijo: “Bueno, córtenle las dos manos y pónganlas en formol.”

Tal ensañamiento sobre el cadáver del Ché Guevara no engrandece a los que lo mataron.
Pero no es esa última barbarie la que quedaría en las memorias sino, al contrario, la imagen de un hombre aún joven, en plena forma física, mirando de frente hacia su propia muerte.

El final del Ché Guevara en Bolivia significó un alto en la formación de los focos guerrilleros en América latina. Castro entendió a partir de ahí que no iba a poder extender su influencia por ese medio. No obstante algunos movimientos rebeldes permanecieron activos.

En 1969, los sobrevivientes del grupo, reagrupados en torno a la organización fundada por el Che, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), intentaron recrear la guerrilla en Bolivia. Esta vez estaban bajo las órdenes del lugerteniente del Ché Guevara, el ex-militante del Partido Comunista boliviano Inti Peredo. “Benigno” formaba parte, una vez más, de la expedición, que fracasó rápidamente. Dos de sus compañeros y él mismo lograron, sin embargo, escaparle a la muerte y regresar a Cuba.

Entre los que habían participado, de cerca o de lejos, a la muerte del Ché, numerosos fueron los que cayeron bajo las balas, a menudo anónimas.
Por su parte, Félix I. Rodríguez escapó a un comando que tenía por misión asesinarlo, así como al secuestro de un avión americano en el que viajaba, durante los años 70, hacia La Habana, donde hubiera corrido una suerte nada envidiable. Las operaciones de venganza contra los militares bolivianos fueron múltiples y variadas. Gary Prado, hoy día comandante y político influyente, resultó paralizado de por vida, desplazándose en silla de ruedas, a resultas de un balazo en la espalda. Otros no sobrevivieron a los disparos: el campesino Honorato Rojas, considerado como “traidor”, ejecutado personalmente por Inti Peredo, quien murió a su vez a manos del Ejército boliviano en 1969; el coronel Roberto Quintanilla, ex-jefe de la policía, considerado como uno de los estrategas que permitieron la captura del guerrillero argentino, asesinado en 1972 en Hamburgo, donde había sido nombrado cónsul, por la integrante de la guerrillera boliviana Monika Hertl (el editor izquierdista italiano Giangiacomo Feltrinelli, que estuvo en el origen de la publicación del Diario de Bolivia, había participado en los preparativos del atentado pero murió poco antes en Italia, a consecuencia de la explosión de una bomba que transportaba); el general Joaquín Zenteno Anaya, nombrado embajador en Francia, liquidado en París en 1976 por una misteriosa Brigada internacionalista Ché Guevara; y varios oficiales, entre los cuales figuraban los autores de diversos golpes de estado, de derechas o de izquierdas, en Bolivia.
La mayoría de esos asesinatos nunca fueron esclarecidos, pero las distintas investigaciones llevadas a cabo por los gobiernos afectados vieron en ellos el sello de los enviados de los servicios secretos de Castro.[11][12]

Mi recordada Ofelia, en cuanto salga a la venta en español, lo compraré y te lo enviaré con algún turista galo. Creo que éste es un libro que hay que leer para tener argumentos serios y así poder enfrentarnos a los admiradores de un hombre que tanto mal causó a nuestra Patria.

Te quiere siempre,

Félix José Hernández.


*La Face cachée du Ché.
Jacobo Machover
Buchet/Chastel, 2007.
7, rue des Canettes, 75006. Paris.
205 páginas.
14 Euros
Foto portada : René Burri/Magnum Photos
ISBN :978-2-283-02252-8

[1][12] Véase Paco Ignacio Taibo II: “El héroe que no muere. Mil caras del Ché” (El Mundo, Madrid, 8 de diciembre de 1996). El escritor mexicano, autor de novelas policiacas e historiador en sus ratos de ocio, que tiene muy buena información sobre ciertos aspectos secretos de la biografía de Guevara, sobre todo en relación con su aventura en el Congo, parece darle cierto crédito a esta hipótesis cuando relata una entrevista suya con un escritor cubano al que prefiere mantener en el anonimato, “que una vez le sugirió al historiador sonriendo: “Los servicios nuestros...” con un cierto tono de satisfacción.”
[2][3] Entrevistas con el autor. Madrid, 2004-2006.

[3][4] Ernesto Ché Guevara: Obra revolucionaria, op. cit., pp. 479-488.

[5][6] Entrevista con el autor. Miami, agosto de 2006. La conversación tuvo lugar en la sede de la Brigada 2506, el cuerpo expedicionario cubano que llevó a cabo algunas infiltraciones contrarrevolucionarias y los combates de Bahía de Cochinos en 1961. Al sentarse, Félix I. Rodríguez dejaba entrever una pistola a la altura del tobillo.

[6][7] Gary Prado: Cómo capturé al Che. Barcelona, B.S.A., 1987, p. 270.

[7][8] Entrevista con Eduardo Febbro en Página 12, Buenos Aires, 18 de agosto de 2006: “El Ché Guevara se equivocó cuando eligió Bolivia.”

[8][9] Fidel Castro : “Una introducción necesaria”, in Ernesto Che Guevara: Escritos y discursos (Tomo 3: Diario de Bolivia), op. cit., pp. 1-20.

[9][10] Ibid.

Mensajes: 1802 | Registrado: Jul 2003  |  IP: Archivada | Mandar este mensaje al moderador
Tamakun1
Miembro
Usuario # 4867

Valoración de usuario
 - Enviado el      Perfil para Tamakun1     Enviar un mensaje privado       Editar o borrar mensaje   Responder citando 

Una mirada incisiva sobre Ché

Miguel Iturria Savón

LA HABANA, Cuba – (www.cubanet.org) - Mario Vargas Llosa,
en un artículo http://cubanet-d.c.topica.com/maah4DuabBDItaBNWY1b / sobre
Ernesto Guevara de la Serna, dice: “Un ser que de histórico pasa a ser
mítico no es juzgado con criterios racionales sino mediante actos de fe y
de ilusión. Es el caso de Ché”. Me acojo a la máxima del gran
escritor, pero sé que el comandante guerrillero fue convertido en icono por
intereses políticos. Su santificación aún es financiada por el gobierno
cubano y diseñada por los propagandistas del Partido Comunista que rige
la isla hace medio siglo. Más que un héroe fabricaron un producto de
mercado mediante libros, fotos, coloquios, artículos, filmes y discursos
apologéticos.

Pero la distorsión de la biografía y de los hechos que enrolaron a
Guevara tropieza ahora con un libro incisivo de Marcos Bravo, nombre de
guerra de Pedro Manuel Rodríguez, quien luchó en las filas del Movimiento
26 de julio durante la dictadura de Batista y se opuso después al
régimen comunista instaurado por Fidel Castro. La obra de Bravo es resultado
de una larga investigación, cotejos y reflexiones. Se titula La otra
cara del Che. Ernesto Guevara, un sepulcro blanqueado.

Es un texto polémico y bien escrito de 558 páginas, estructurado en
ocho capítulos y un epílogo, lo cual permite al autor analizar cada una de
las etapas vitales del personaje, sin magnificar su desempeño como
hombre, guerrillero o funcionario político y gubernamental. Fue publicado
por la editorial colombiana Solar y apareció en Bogotá en 2004. En
Cuba ha sido prohibido pues desmonta las verdades encubiertas por los
creadores del mito de Ché, a quien Bravo considera como “el extranjero que
más daño ha causado a la nación cubana después del general español
Valeriano Weyler”.

Al exponer sus datos, el autor sacude la leyenda rosa de Ché y devela
el rostro oculto de un embaucador, al que califica de falso economista,
falso médico y guerrillero mediocre. Hacer un paralelo con Fidel
Castro, no obstante la contradicción psico-social, de “riqueza sin clase en
el cubano y de clase sin riqueza del argentino”, que deriva en ambos en
un conflicto de odio y resentimientos contra todo lo socialmente
establecido.

Guevara, nos apunta Marcos, nunca se gradúa de médico, ya que no existe
una sola entrevista a ninguno de sus compañeros de curso, ni de sus
profesores. Tampoco hay foto alguna, ni el más mínimo testimonio de su
graduación. Y mucho menos el expediente académico de la supuesta
universidad donde debió cursar estudios.

La otra cara del Che, con precioso detallismo y vigor literario,
resalta los aspectos más negativos del biografiado. Entre ellos, el perenne
narcisismo, puesto de relieve en el afán por ser fotografiado y que
lleva al paroxismo en medio del naufragio del Granma. O de sus condiciones
de verdugo desde los primeros momentos de la lucha en la Sierra, al
dispararle en la cabeza al traidor Eutimio Guerra, acción que ejecuta sin
pedírsela nadie y que le aporta una mayor consideración de Castro; a
quien aprendió bien temprano a no contradecir -aunque dijera lo más
disparatado- y dejarlo ganar siempre, en cualquier cosa o competencia.

Guevara, resalta el autor, desconocía la historia de Cuba y el complejo
entramado político y social del país, por lo cual planeó el asalto a
los bancos de Santa Clara antes de tomar la ciudad, en 1958. Adoptó
después medidas que afectaron la industria y la economía insulares. Reitera
el afán del biografiado por criticar y ofender a quienes le rodeaban;
su carácter impenetrable de jefe duro e indiferente, alejado de sus
hombres en los campamentos, en los que aseguraba el mate y llenaba las
despensas. Destaca el por qué nombran a Guevara al frente de la fortaleza
La Cabaña, sede de la mayoría de los fusilamientos.

Aprecia Bravo que, para la realidad cubana, la más desatinada e
irresponsable de las aventuras de Che fue su aceptación de la investidura como
Presidente del Banco Nacional y, después, Ministro de Industria; cargo
del que fue defenestrado por el propio Castro, ante la incompetencia y
fracaso de su política económica, que lo hace caer en desgracia; de
ahí su designación como delegado de Cuba en la ONU para pronunciar un
discurso en la Asamblea General. Acto seguido inicia un extenso recorrido
por la Unión Soviética y por algunos países de África, con el fin de
explorar las posibilidades de acciones revolucionarias.

El autor valora el periplo de Guevara, su discurso en Argel, donde
critica la política de los soviéticos y les exige que paguen el desarrollo
de los países en vía de liberación, lo cual puso en guardia a la
embajada de la URSS en La Habana, ante cuyas amenazas económicas se acentúa
la desgracia del argentino. Valora que al regresar a Cuba no recibe
cargos oficiales, hasta que parte, en el más absoluto misterio, al fracaso
de la imposición insurreccional en África; otro descalabro como la
guerrilla de Masseti, orientada por él en Argentina.

La precipitada salida del Congo lo lleva a Europa, donde es sostenido
por el gobierno cubano. De nuevo, bajo las siete llaves del más
recóndito secreto regresa a Cuba. Se entrena con subordinados escogidos para la
última de sus frustradas aventuras: Bolivia.

La imposición de la guerrilla al país andino desde fuera, sin tener en
cuenta las realidades nacionales y autóctonas trajo confrontaciones y
dificultades que fueron incrementándose gradualmente hasta que Ché se
entrega -para salvar la vida- a los soldados bolivianos que lo seguían,
quienes no vacilan en matarlo días después, lo cual favorece su
conversión en paradigma revolucionario.

El escritor precisa al respecto, que el fusil M-1 con el que Ché se
rinde, no es el suyo, sino el de su compañero, el guerrillero boliviano
Willy, con quien lo cambia para justificar su entrega sin combatir, pues
el usado por él, como el de los demás jefes, era un M-2 en buen
estado. Su pistola de 9 milímetros disponía de todas sus balas al cederla.
La herida en la pierna fue un rasguño a sedal que no le impedía
caminar. Y al instante de entregarse dijo: “No disparen, soy el Che Guevara”.
No peleó hasta la última bala, como les exigió a sus subordinados,
quienes sí cumplieron el encargo y entregaron sus vidas en pos de una
ilusión imposible y extranjerizante.

Al releer este libro que circula a hurtadillas en la Isla, corroboramos
algunas certezas. Quienes crecimos bajo consignas y prometimos ser
como Ché desde el primer grado, ahora disfrutamos una biografía más humana
y veraz sobre el Cid campeador exportado por los pregoneros de nuestro
sistema. La otra cara del Che puede sacudir el hechizo de los
seguidores de ese caballero andante en otras latitudes. Tal vez los argentinos
–partidarios del coronel Juan D. Perón y del comandante Ernesto
Guevara- comiencen a cansarse de tantos héroes y molinos de vientos.

Mensajes: 1802 | Registrado: Jul 2003  |  IP: Archivada | Mandar este mensaje al moderador
Tamakun1
Miembro
Usuario # 4867

Valoración de usuario
 - Enviado el      Perfil para Tamakun1     Enviar un mensaje privado       Editar o borrar mensaje   Responder citando 

El trabajo os hará hombres

Humberto Montero
La Razón Digital, España

Madrid- El campo de concentración de Camagüey, donde fueron a parar centenares de homosexuales para ser «reeducados», estaba presidido por la leyenda «el trabajo os hará hombres», una versión homófoba del terrible «el trabajo os hará libres» utilizado en los campos de exterminio nazis. Casi 50 años después, la comunidad gay cubana sigue viviendo la represión y no dispone de espacios públicos donde expresarse. Su única opción es engrosar la inmensa diáspora cubana.

Manuel Zayas filmó en 2003 de forma clandestina un corto -«Seres Extravagantes»- que recoge testimonios de amigos del escritor exiliado Reinaldo Arenas y que retrata la Cuba contemporánea en toda su crudeza. En él se recoge un discurso inédito de Fidel Castro en 1968, en el que habla de los «seres extravagantes que se reúnen en ciertas calles de La Habana, a los cuales hay que eliminar del espacio público». «Aunque ahora Fidel dice que él nunca participó en esas persecuciones, este documental prueba que sí lo hizo. Que arruinó la vida de miles de cubanos, algunos de los cuales murieron en campos de concentración, por el hecho de ser homosexuales», explica.

Manuel, que reside en Madrid desde 2004, llegó a La Habana con 17 años a estudiar periodismo. Lejos del «chismorreo de provincias», se planteó su condición sexual, aunque le costó tres años empezar a asumir que su opción «no era algo depravado, que es lo que la sociedad en Cuba se ha encargado de inculcarnos». Eran los tiempos (1994-1995) en que la película «Fresa y Chocolate» llenaba los cines de la isla en una apertura sexual que «al menos sirvió para que dejaran de mirarnos como a bichos raros». Se abren locales que son ocupados por los gays. Pero es un falso espejismo. Un año después se cierran todas las discotecas y comienzan las redadas. La comunidad gay se refugia en fiestas clandestinas. Hasta que el régimen las eliminó.

«Nadie en 50 años de revolución se ha atrevido a cuestionar los planteamientos ni las leyes homófobas del régimen», prosigue Manuel. La cuestión es por qué la revolución se ha sentido siempre amenazada por los homosexuales. «Desde el inicio, ciertos dirigentes, entre ellos Fidel Castro, manifestaron su posición en contra de que los homosexuales ocuparan cargos en el Partido Comunista. Luego crean las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, que son campos de concentración que se extienden desde el 63 al 65. Allí se condenó a trabajos forzados a miles de gays. Como los nazis. Bajo la presión internacional los cierran». Pero en 1971, se aprueba una resolución para «sacar» del campo artístico, la educación y del deporte a los gays, porque no pueden representar al país. Se producen cientos de despidos. «Hasta el mismo Supremo declaró en 1975 que era anticonstitucional. Sin embargo, aún sigue vigente una ley firmada por Fidel para perseguirnos y excluirnos», remarca. En los 80 se produce el «éxodo del Mariel», por el que se expulsa del país a 125.000 cubanos, entre ellos a miles de homosexuales. «Esto prueba que la represión contra los gays ha sido sistemática hasta hoy. Nos pusieron la etiqueta de depravados. Evidentemente no como en los 60 y 70, pero la homosexualidad se penaba en el Código Penal hasta 1997. Y aún hoy la Fiscalía puede condenar sin pruebas a cualquier gay por peligrosidad social predelictiva».

El profesor y fotógrafo Ariel Miranda, exiliado en España desde 1994, sufrió las leyes de 1971. Se le arrebató su plaza de profesor y fue enviado dos años a un campo de trabajo. «He sufrido una persecución sistemática desde 1969 por discrepar con una decisión académica. Lo más grave es que oficialmente fui expulsado por ?rasgos de amaneramiento?». Airel, que ha visto como algunos compañeros gays optaron por el suicidio ante la persecución del régimen, reconoce que la sociedad cubana sigue siendo machista. «Nunca hubo revolución, simplemente un cambio de régimen, una revuelta para que Fidel cogiera el poder. Fíjate que hasta que llegué a España no me sentí libre. Cuarenta años después».

Mensajes: 1802 | Registrado: Jul 2003  |  IP: Archivada | Mandar este mensaje al moderador
Tamakun1
Miembro
Usuario # 4867

Valoración de usuario
 - Enviado el      Perfil para Tamakun1     Enviar un mensaje privado       Editar o borrar mensaje   Responder citando 

Escritora asegura que el Che era homofóbico

El Nuevo Herald
EFE
MADRID

La escritora cubana Zoé Valdés lamentó ayer el poco conocimiento que hay en el mundo sobre la figura del ''Che'' y de su obra, en la que lejos de la imagen que se difunde de él, ``plantea modelos de perfección viril que niegan la homosexualidad, la bisexualidad y la transexualidad''.

Valdés participó ayer en España en el foro Cuba: Revolución y Homosexualidad, organizado por la Confederación Española de Asociaciones de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (COLEGAS) en la Casa de América de Madrid.

Escritores, poetas, editores, políticos y disidentes exiliados abrieron dos días de debate sobre la homosexualidad en Cuba y la represión que la revolución ha ejercido contra las minorías sexuales.

El cartel de las jornadas es ilustrativo: la mítica foto de Ernesto ''Che'' Guevara, obra de Alberto Korda, adornada con los colores arco iris de la bandera gay, que al decir de Valdés ''hubiera irritado muchísimo'' al guerrillero argentino.

Valdés explicó que en Cuba se idealizó el concepto de ''hombre nuevo'' que propugnó el guerrillero Ernesto ''Che'' Guevara en la isla con su obra El socialismo y el hombre en Cuba, en la que lejos de la idea de un hombre libre ``plantea modelos fascistas y machistas basados en la perfección viril, que niegan la homosexualidad, la bisexualidad y la transexualidad''.

''Es preciso conocer los libros que escribió, no lo que se escribe sobre él'', dijo la escritora tras lamentar que ``en el mundo se utilice la figura del Che Guevara y la gente no conozca su pensamiento''.

''Es como poner una foto de Hitler sin saber quién es, es muy dañino para el mundo, lo ha sido y lo sigue siendo'', dijo.

Valdés habló de la pasión que el fundador del Instituto Cubano de Cine, Alfredo Guevara, sentía por Fidel Castro: ``Esperaba como una novia cada 31 de diciembre a que Fidel lo llamara para felicitarle el cumpleaños''.

En su opinión, la situación de los homosexuales en Cuba ''no ha variado mucho'' desde que comenzó la revolución, ``incluso en estos momentos en los que se habla del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), un proyecto que dirige Mariela Castro, hija de Raúl Castro y por tanto otra asociación del gobierno''.

Según dijo, ``Fidel Castro es el mayor especialista de marketing del siglo XX, compró un producto que vendió en todo el mundo y que le siguen comprando. A nosotros también nos vendieron que la revolución cubana iba a acabar con las injusticias, que la gente iba a vivir libre, pero no fue así''.

El poeta León de la Hoz recordó que mucha gente se refiere en la isla a Raúl Castro como ''la chinita de los ojos tristes'', en referencia a su supuesta homosexualidad no confesada.

Las jornadas arrancaron con un debate sobre José Mario, poeta represaliado, que sufrió los rigores de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), donde el régimen castrista reeducaba a los homosexuales, y que murió solo y pobre en Madrid en 2002.

El escritor Jacobo Machover relató que José Mario siempre contaba, como resumen de lo que pensaban los dirigentes cubanos, que en la entrada del campo en el que estuvo internado en Camagüey se podía leer un cartel que transformaba la leyenda de los campos nazis de ''El trabajo os hará libres'' en ``El trabajo os hará hombres''.

Esa experiencia, similar a la vivida por otro escritor homosexual represaliado como Reynaldo Arenas, condicionó muy negativamente la vida de José Mario, que ''fue una víctima de la revolución, de la implacable máquina destructora que representa la revolución'', afirmó el poeta Felipe Lázaro, director de la editorial Betania.

Mensajes: 1802 | Registrado: Jul 2003  |  IP: Archivada | Mandar este mensaje al moderador
Tamakun1
Miembro
Usuario # 4867

Valoración de usuario
 - Enviado el      Perfil para Tamakun1     Enviar un mensaje privado       Editar o borrar mensaje   Responder citando 

EL CHE SE PELEO CON FIDEL CASTRO

Carlos Moreno
La Nueva Cuba

Es cierto, Ernesto Guevara, mejor conocido como el Che, se embarcó de joven en una travesía a bordo de una motocicleta con su amigo Alberto Granado para recorrer América Latina; una aventura innegable, signo de valentía, lo que tal vez más adelante admiraría Fidel Castro cuando le conociera en México.

Esa travesía de nueve meses en 1952 desde Córdoba (Argentina) hasta Caracas, y posteriormente a Miami, ayudó al Che a gestarse un pensamiento y un ideal de lucha, la faceta que más interesa explotar a los revolucionarios y a la izquierda ciega, del también llamado "ícono pop".

Si bien aquel joven argentino inició a los 24 años una reflexión interna que lo llevó a nutrirse de experiencia y una visión romántica de la justicia para los pueblos desposeídos, no es menos cierto que en ese mismo momento comenzó a volcarse hacia una postura violenta que bañaría sus manos de abundante sangre en Cuba unos años después, simplemente por una razón: "la duda".

En ese viaje daría su primera muestra y lo afirmaría con frase certera a su amigo Alberto Granado: "Una revolución sin tiros, estás loco". Podríamos contradecir ese pensamiento con un solo nombre, Mahatma Gandhi, pero no es el fin de este trabajo.

Fue verdad, esos tiros de los que habló se le hicieron tan familiares al Che que se acostumbró a ellos sin vacilación. Su admiración por la literatura de Julio Verne, el rugby y el té mate, cambiaron para siempre por el tabaco y la pistola a la cintura, con la que dio el tiro de gracia a muchos para mantener firme la revolución.

"Sediento de sangre"

El Che conoció a Fidel Castro en México a mediados de la década de los 50 e ingresó inmediatamente como médico al movimiento guerrillero 26 de Julio que buscaba derrocar al gobierno de Fulgencio Baptista en Cuba.

Sobresalió ante Fidel en los entrenamientos de comando celebrados en Jalisco, a pesar de su problema con el asma, pero también ganó pronto el recelo de varios insurgentes por su ironía y burla hacia el habla cubana. Orlando de Cárdenas, periodista y quien fuera amigo de Castro durante la planificación del golpe, aseguró: "Nunca nos vio como verdaderos compañeros". Incluso el instructor militar del grupo asignado por Fidel, Miguel Sánchez, el "Coreano", un combatiente de las tropas estadounidenses en la guerra de Corea, afirmó que el Che "tenía siempre problemas con los negros y los despreciaba al igual que a los indios de México". Conversaciones que reprodujo Pedro Corzo, periodista y presidente del Instituto de la Memoria Histórica de Cuba en el documental Anatomía de un mito.

El Che se embarcó en el buque Granma junto a todo el movimiento guerrillero y llegó a Cuba.
Sobrevivió al enfrentamiento del desembarco y se adentró en la Sierra Maestra de la isla. Desde allí escribió una carta sólo seis días después a su esposa, Hilda Gadea, con una frase que denotaba el hombre en que prontamente se convertiría: "Estoy en la Manigua cubana, vivo y sediento de sangre".

Años antes de estar inmerso en esas montañas, el Che redactó unas líneas en su paso por Guatemala cuando se vivía el golpe de Estado al gobierno del coronel Jacobo Arbenz, palabras que encontrarían práctica en Cuba: "Ante todo, no hubo asesinatos ni nada que se le parezca.

Debería haber habido unos cuantos fusilamientos al comienzo pero es otra cosa. Si se hubieran producido esos fusilamientos, el gobierno hubiera conservado la posibilidad de devolver el golpe". (Che en carta a su amiga Tita Infante, 1954).

Un juez sin razones

Cuando la revolución tomó el poder de la isla, los nuevos gobernantes tomaron puestos estratégicos para configurar políticas de terror. El Che estuvo a cargo de la llamada Comisión Depuradora en la fortaleza de La Cabaña.

Guevara no titubeaba para dar órdenes de ejecución. Su divisa se convirtió en una sola: "Ante la duda, mata". El número de fusilamientos es realmente impreciso. José Vilasuso Rivero, abogado que colaboró con el movimiento en La Cabaña, afirma que los muertos van desde los trescientos hasta los setecientos.

El mismo Vilasuso destacó en su artículo El Che en La Cabaña, que el tribunal instaurado por la Comisión Depuradora se basaba en la "Ley de la Sierra", una corte marcial donde Guevara comenzó uno de los baños de sangre más fuertes de la revolución. "Los principios y la doctrina jurídica no eran tomados en cuenta".

Así, el Che inició lo que tiempo atrás tenía en mente: fusilar al enemigo o cualquier otra persona sin hurgar en el fondo del ajusticiado.

Colaboradores cercanos del comandante manifestaron que las órdenes las daba con frialdad y con soltura, la misma con la que manejó su pistola para asesinar a supuestos "chivatos" (informantes) del régimen de Baptista cuando aún no llegaban al poder.

Vilasuso señaló en entrevista para el documental Anatomía de un Mito: "Yo dirigía los expedientes de los acusados, y el Che dirigía el paredón".
El abogado recalcó que sólo bastaba lucir un uniforme diferente para ser fusilado, "eran juicios sumarísimos, ya la sentencia estaba preestablecida, no había derecho a una defensa digna".

Pero no sólo su rechazo era para quienes consideraba sus enemigos, sino también para los familiares de los mismos. Los testimonios apuntan que mujeres e hijos eran maltratados y evacuados de La Cabaña por órdenes del comandante Guevara.

Discrepancias con Fidel

Pedro Corzo, quien también publicó el libro Perfiles del Poder, describió a un Che antagónico de Fidel Castro. "Guevara, idealista, intransigente, doctrinario, arrogante y con fuerte inclinación a la teorización revolucionaria, cruel y duro. Fidel, ciego en su propia fe, ambicioso de poder e historia con carácter mesiánico", son algunas de las discrepancias que albergaban ambos personajes.

Castro necesitó del apoyo soviético para mantener de pie su régimen en la isla, y por esos días el Che se convertía en piedra en el zapato para el mismo Fidel. Guevara rechazaba abiertamente las políticas de la Unión Soviética e incluso confrontaba con los comunistas de Cuba. El argentino se volvía inestable para la revolución, más de lo que fue en el Banco de Cuba y en el Ministerio de Industria cuando estuvo a su cargo.

Corzo precisó que durante 1965 Castro censuró el pensamiento guevarista del socialismo y se opuso a las opiniones del Che para con la URSS. La fractura era inminente, el Che combatía en ese momento en el Congo (África) junto a Laurent Kabila, una derrota catastrófica que lo llevaría a refugiarse en Europa.

Che regresó por corto tiempo a Cuba, con ánimos desencajados y decidió probar sus teorías revolucionarias en Bolivia, claro está con cierto apoyo de Fidel, una amistad ya inestable. En las montañas de Bolivia, después del 21 de marzo de 1967, las provisiones y pertrechos dejaron de llegar a los guerrilleros. Según el historiador Enrique Ros, Fidel Castro comenzaba ya en Cuba la mitificación del Che, incluso días antes de que éste muriera ajusticiado en La Higuera.

El 8 de octubre de 1967 a la 1.30 de la tarde Guevara era capturado en Bolivia, sólo gritó: "Soy el Che, valgo más para ustedes vivo que muerto". No sería así, una orden como las que él mismo acostumbraba dar en La Cabaña se ejecutaría sobre su humanidad.

El comandante Che fue ajusticiado por un sargento boliviano. Nacía el mito, el ícono pop, y ahora una de las figuras emblemáticas de la revolución.

Discurso ante la ONU

"Fusilamientos sí. Hemos fusilado y seguiremos fusilando mientras sea necesario, nuestra lucha es a muerte". (Discurso ante la Asamblea General de la ONU, 11 de diciembre de 1964)

Mensajes: 1802 | Registrado: Jul 2003  |  IP: Archivada | Mandar este mensaje al moderador
Tamakun1
Miembro
Usuario # 4867

Valoración de usuario
 - Enviado el      Perfil para Tamakun1     Enviar un mensaje privado       Editar o borrar mensaje   Responder citando 

El Che un mito que declina

Por Eduardo Mackenzie*
LiberPress

De Ernesto Guevara no queda más que una efigie, una foto retocada y monótona, que portan miles de adolescentes en el mundo, por rutina es cierto, pues la gran mayoría de ellos ignora que el hombre impartía la muerte a donde quiera que fuera. Pocos entre ellos han leído los textos del personaje, donde la violencia llamada "política" es el alfa y omega de un pensamiento que se pretende revolucionario, justiciero y puro.

El 40 aniversario de la muerte del Che, gris a más no poder, muestra que la verdad respecto de ese personaje se abre paso, por fin, en los cinco continentes. A diferencia de lo que ocurrió en otras ocasiones, esta vez sólo hubo dos celebraciones oficiales. La más obvia de todas, la de Cuba, fue un acto rutinario, sin brillo, pues Raúl Castro, quien reemplaza a su hermano Fidel en la conducción de la isla, nunca fue un idólatra de "el argentino", como Raúl llamaba a Guevara.

En Bolivia, la celebración fue repudiada por más de la mitad de la ciudadanía. Esta, con razón, no acepta que Evo Morales haga el elogio de una invasión de mercenarios que a mató 55 soldados bolivianos (y a algunos civiles), y que pretendía, en 1967, poner el país bajo la bota de la dictadura cubana. "El homenaje debería ser hecho a los soldados que derrotaron a ese invasor", estimó el general Gary Prado, quien dirigió la columna militar que capturó al Che. El general Ricardo Farfán, comandante de la octava división del Ejército, encabezó un acto militar en honor de las fuerzas militares que combatieron a los guerrilleros de Guevara. Ningún ministro de Morales se hizo presente.

En Caracas, el homenaje oficial al Che se vino al suelo cuando los delegados de las FARC, invitados bajo el pretexto de los pretendidos diálogos con el presidente Hugo Chávez para la liberación de los rehenes en Colombia, no pudieron llegar a tiempo. La "revolución bolivariana" iba a mostrarlos como el ejemplo vivo de la actualidad del pensamiento del Che. Los "ejemplos vivos" irán sin duda a Caracas un día, cuando puedan, pues en estos días dependían de un salvoconducto que su enemigo, el gobierno del presidente Alvaro Uribe, no quiso darles.

El culto del "héroe" cubano-argentino había decaído bastante en los años 1990. Pero fue revivido en 1997 por La Habana tras el hallazgo (que algunos cuestionan), de los restos del guerrillero en Bolivia y la construcción de un mausoleo en su honor en Santa Clara. Diez años después, el mito del "hombre más maduro de esta época", como lo llamara un día Jean-Paul Sartre, se destiñe y los estudios críticos comienzan a interesar al gran público.

En Francia, donde tantos intelectuales de renombre avalaron durante décadas el sistema soviético y sus satélites, y cerraron los ojos ante los crímenes inmensos del comunismo, también se instala un nuevo clima de reflexión sobre esos temas. Numerosos artículos, reportajes y libros que muestran al verdadero Guevara, vienen siendo publicados desde 2004. En octubre de ese año, Le Monde publicó un texto impecable bajo el título de "El guevarismo no es un humanismo". El mismo año, el diario madrileno El País dejó pasar un artículo excelente: "El mito truncado del Che", que recordaba todos los fracasos repetidos del personaje cuando se desempeñó como guerrillero, economista, diplomático y político. En noviembre de 2006, la revista francesa Historia publicó un dossier de cuatro textos. El de Remi Kaufer habla del Che como títere de Fidel, el de Jacobo Machover examina las matanzas en La Cabaña, el de Vincent Bloch la destrucción de la economía de la isla, y el de Paul-Eric Blanrue trata acerca del "comandante de las guerras perdidas".

El nuevo ensayo de Jacobo Machover, escritor e historiador cubano exilado en Francia, publicado en francés hace unos días, es uno de los más penetrantes y agudos. "La face cachée du Che" muestra al hombre autoritario que era Guevara, temido hasta por sus colaboradores más cercanos y autor de cientos de fusilamientos ilegales y de otras atrocidades en Cuba, el Congo y Bolivia. Machover revive, en particular, los crueles episodios del cuartel de La Cabaña, donde el Che, tras el triunfo del ejército rebelde, hizo fusilar a 164 personas, entre el 3 de enero y el 26 de noviembre de 1959, actividad por la que se ganó el apodo de "el carnicerito". Antes de la derrotta de Batista, el Che había ordenado el fusilamiento de otras tantas personas, incluidos algunos de sus propios combatientes.

No todas las víctimas de Guevara eran, como la propaganda castrista afirma, "esbirros" de Batista. En La Cabaña había opositores políticos y gente inocente. El caso de Rafael García, 26 años, un agente de policía que nunca participó en hechos de sangre, es conocido. Condenado a muerte en un simulacro de juicio, fue pasado al paredón por el lider guerrillero. Sergio García logró demostrar la inocencia de su hermano a Ernesto Guevara. La respuesta de éste fue: "Su hermano es quizás inocente, pero el portaba un uniforme azul. Debe entonces morir".

Este 8 y 9 de octubre, la prensa parisina publicó artículos sobre los 40 años de la muerte de Guevara. "El Che, angel cruel, cae de su pedestal", titula Le Figaro, el principal matutino del país. François Hauter, autor del texto, dice : "El Robespierre cubano era un torturador iluminado y sin piedad". La revista L'Express no se queda atrás. El reportaje de Alex Gyldén se intitula "Guevara: sangre sobre la estrella". Gyldén entrevistó a varios testigos de esa época aciaga, entre ellos al sacerdote Javier Arzuaga, ex capellán de La Cabaña, quien publicó en 2006 sus memorias y algunos de los testimonios que recibió de los condenados a muerte. "El Che nunca trató de ocultar su crueldad", estima el sacerdote. "Por el contrario. Entre más se le pedía compasión más él se mostraba cruel. El estaba completamente dedicado a su utopía. La revolución le exigía que hubiera muertos, él mataba; ella le pedía que mintiera, él mentía". Arzuaga evoca un detalle que dice más que lo anterior: "En La Cabaña, cuando las familias iban a visitar a sus parientes, Guevara, en el colmo del sadismo, llegaba a exigirles que pasaran delante del paredón manchado de sangre fresca."

El historiador Pierre Rigoulot, dedica páginas interesantes al Che en su voluminoso trabajo intitulado "Coucher de soleil sur La Havane, la Cuba de Castro, 1959-2007". Guevara, dice Rigoulot, "rechazaba los compromisos y las contingencias de la vida cotidiana, lo que para ciertos analistas constituye una fascinación por la muerte, mientras que otros ven como una sed de santidad y de amor por lo absoluto".

En su libro de 1965 El Socialismo y el hombre en Cuba Guevara aborda el tema del "hombre nuevo", utopía central de los dos grandes totalitarismos, el comunismo y el nazismo, y dice trivialidades como ésta: "El hombre nuevo será completo, total, pleno", y alcanzará "la plena realización como creatura humana". Su aporte original, si lo hay, tiene que ver, por lo contrario, con la devastación y la muerte: el Che preconiza la destrucción de la civilización occidental, "la cual oculta detrás de su fachada pomposa una banda de hienas y chacales". Rigoulot concluye: "Su exaltación de la muerte, asociada a su incompetencia en materia económica y financiera cuando era ministro, ofrecen algunos datos útiles para desmontar el personaje así como la ideología que lo acompaña: lo importante para él es vivir lo trágico de la Historia ('la hora de los braceros'), rechazar la prosaica y apagada búsqueda de una expresión democrática y del desarrollo económico."

( Che Guevara en la lucha contra Batista junto a un entonces afamado empresario del sector tabacalero que ayudó con fuertes sumas de dinero a establecer la tiranía castrista que lo despojaría del patrimonio que sus ancestros fundaron y desarrollaron; Che Guevara pese a ser fruto de una familia de la clase media alta devenida a menos, odiaba a los burgueses ¿ Qué estaría pensando el Che en esos momentos de esa persona y de los demás adinerados empresarios que los ayudaban con dinero y otros recursos a instalarse en el poder ?. Nota del blogguista. )

Guevara era, en efecto, un exaltado que no vaciló en decir ante una asamblea general de la ONU estas palabras escalofriantes: "Sí, nosotros hemos fusilado; nosotros fusilamos y seguiremos fusilando hasta cuando sea necesario". Otro aporte de Guevara al "humanismo" de todos los tiempos, que los jóvenes pacifistas que deambulan con el rostro del Che en sus pechos probablemente ignoran, es esta fórmula de antología de su conocido Mensaje a la Tricontinental, que constituye, en verdad, su único testamento político: "el odio intrasigente del enemigo". Ese, "odio intrasigente del enemigo" es el que, según Guevara, "empuja más allá de sus límites naturales al ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fria máquina de muerte".

Impermeables a esta revolución teórica y a todo diálogo, los grupúsculos de extrema izquierda francesa, son los únicos que intentan relanzar el culto del Che. El diario comunista L'Humanité lanzó un ladrillo de varias páginas para tratar de demostrar la "originalidad" del pensamiento de Guevara. El resultado no es convincente. Por su parte, Olivier Besancenot, lider de la trotskista LCR, publicó un panfleto elogioso del Che, que evita, claro está, los puntos más obscuros y terribles del hombre. Allí el lector encontrará, en cambio, una serie de lugares comunes y de interpretaciones abusivas sobre Guevara, como aquella que pretende que "la meta definitiva" de éste era "el cambio social con desarrollo individual".

No es sino ver lo que la dictadura de los hermanos Castro ha hecho de Cuba para adivinar qué es lo que promete Besancenot con su "cambio social con desarrollo individual". El jefe de la LCR no es el único en poner en remojo un cierto discurso habitual. Aleida Guevara March, la hija de Ernesto Guevara, aseguró en estos días en París: "El Che no fracasó, los pueblos se agotan, pero las revoluciones siguen siendo posibles". ¿De qué tipo de revolución habla ella? Aleida Guevara March no es muy directa al respecto, ni acerca del nuevo socialismo que impulsan los Castro, Chávez, Morales y Ortega. Ella habló, eso sí, de una categoría obscura : de "la nueva sociedad más fuerte". ¿Un nuevo tipo de dictadura?

En Colombia, algunos periodistas, sin mentirse sobre el fracaso de la cosmogonía guevariana, no pudieron evitar, a pesar de todo, la trampa de la comparación entre el Che y Cristo, entre el Che y Rimbaud. Esa comparación es absurda. Ni Cristo ni Rimbaud llegaron a matar a nadie.

*Eduardo Mackenzie,- Periodista colombiano radicado en París.

Mensajes: 1802 | Registrado: Jul 2003  |  IP: Archivada | Mandar este mensaje al moderador
Tamakun1
Miembro
Usuario # 4867

Valoración de usuario
 - Enviado el      Perfil para Tamakun1     Enviar un mensaje privado       Editar o borrar mensaje   Responder citando 

Caudillo Guevara

El Pais, España

"El romanticismo europeo estableció el siniestro prejuicio de que la disposición a entregar la vida por las ideas es digna de admiración y de elogio. Amparados desde entonces en esta convicción, y a lo largo de más de un siglo, grupúsculos de las más variadas disciplinas ideológicas han pretendido dotar al crimen de un sentido trascendente, arrebatados por el espejismo de que la violencia es fecunda, de que inmolar seres humanos en el altar de una causa la hace más auténtica e indiscutible.

En realidad, la disposición a entregar la vida por las ideas esconde un propósito tenebroso: la disposición a arrebatársela a quien no las comparta. Ernesto Guevara, el Che, de cuya muerte en el poblado boliviano de La Higuera se cumplen 40 años, perteneció a esa siniestra saga de héroes trágicos, presente aún en los movimientos terroristas de diverso cuño, desde los nacionalistas a los yihadistas, que pretenden disimular la condición del asesino bajo la del mártir, prolongando el viejo prejuicio heredado del romanticismo.

El hecho de que el Che diera la vida y sacrificara las de muchos no hace mejores sus ideas, que bebían de las fuentes de uno de los grandes sistemas totalitarios. Sus proyectos y sus consignas no han dejado más que un reguero de fracaso y de muerte, tanto en el único sitio donde triunfaron, la Cuba de Castro, como en los lugares en los que no alcanzaron la victoria, desde el Congo de Kabila a la Bolivia de Barrientos. Y todo ello sin contar los muchos países en los que, deseosos de seguir el ejemplo de este mito temerario, miles de jóvenes se lanzaron a la lunática aventura de crear a tiros al "hombre nuevo".

Seducidos por la estrategia del "foquismo", de crear muchos Vietnam, la única aportación contrastable de los insurgentes seguidores de Guevara a la política latinoamericana fue ofrecer nuevas coartadas a las tendencias autoritarias que germinaban en el continente. Gracias a su desafío armado, las dictaduras militares de derechas pudieron presentarse a sí mismas como un mal menor, cuando no como una inexorable necesidad frente a otra dictadura militar simétrica, como la castrista.

Por el contexto en el que apareció, la figura de Ernesto Guevara representó una puesta al día del caudillismo latinoamericano, una suerte de aventurero armado que apuntaba hacia nuevos ideales sociales para el continente, no hacia ideales de liberación colonial, pero a través de los mismos medios que sus predecesores. En las cuatro décadas que han transcurrido desde su muerte, la izquierda latinoamericana y, por supuesto, la europea, se ha desembarazado por completo de sus objetivos y métodos fanáticos. Hasta el punto de que hoy ya sólo conmemoran la fecha de su ejecución en La Higuera los gobernantes que sojuzgan a los cubanos o los que invocan a Simón Bolívar en sus soflamas populistas."

Mensajes: 1802 | Registrado: Jul 2003  |  IP: Archivada | Mandar este mensaje al moderador



Este tema tiene un total de 2 páginas: 1  2 
 
Abrir un nuevo tema  Nueva encuesta  Escribir un mensaje Cerrar tema   Tema destacado   Mover tema   Borrar tema después el tema más antiguo   después el tema más nuevo
 - Vista imprimible de este tema
Ir a:

Contáctanos | abc.es | Política de Protección de datos

integrado por meytel.com |Powered by Infopop Corporation UBB.classicTM 6.5.0