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Autor Tema: COLEGIO BALDOR
Sin patria, pero sin amo
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BALDOR
Cortesía de Mercedes Díez

Su principal libro ha sido el que quizás más terror o pasión ha despertado en los estudiantes de bachillerato de toda Latinoamérica, no nació en Bagdad.
Nació en La Habana, Cuba, y su problema más difícil no fue una operación matemática, sino la revolución de Fidel Castro. Esa fue la única ecuación inconclusa del creador del Algebra de Baldor, Aurelio Ángel Baldor (1906-1978).
Un apacible abogado y matemático que se encerraba durante largas jornadas en su habitación, armado sólo de lápiz y papel, para escribir un texto que desde 1941 aterroriza y apasiona a millones de estudiantes de toda Latinoamérica.
El Algebra de Baldor, es el libro más consultado en los colegios y escuelas desde Tijuana hasta la Patagonia, lo es aún más que El Quijote de la Mancha.
Tenebroso para algunos, misterioso para otros y definitivamente indescifrable para los adolescentes que intentan resolver sus "misceláneas" a altas horas de la madrugada; es por lo demás un texto que permanece en la cabeza de tres generaciones que ignoran que su autor, Aurelio Ángel Baldor, no es el terrible hombre árabe que observa con desdén calculado a sus alumnos amedrentados, sino el hijo menor de Gertrudis y Daniel, nacido el 22 de octubre de 1906 en La Habana, y portador de un apellido que significa valle de oro" y que viajó desde Bélgica hasta Cuba sin tocar la tierra de Scherezada.
Daniel Baldor reside en Miami y es el tercero de los siete hijos del célebre matemático. Inversionista, consultor y hombre de finanzas, Daniel vivió el drama que se ensañó con su familia en los días de la revolución de Fidel Castro junto a sus padres, sus seis hermanos y la abnegada nana negra que los acompañó durante más de cincuenta años. Él nos narra una síntesis de esa historia.
“Aurelio Baldor (mi padre) era el educador más importante de la isla cubana durante los años cuarenta y cincuenta. Era fundador y director del Colegio Baldor, una institución que tenía 3.500 alumnos y 32 buses en la calle 23 y 4, en la exclusiva zona residencial del Vedado. Fue un hombre tranquilo y enorme, enamorado de la enseñanza y de mi madre, quien hoy lo sobrevive, y se pasaba el día ideando acertijos matemáticos y juegos con números", recuerda Daniel, y evoca a su padre caminando con sus 100 kilos de peso y su proverbial altura de un metro con noventa y cinco centímetros por los corredores del colegio, siempre con un cigarrillo en la boca, recitando frases de Martí y con su álgebra bajo el brazo, que para entonces, en lugar del retrato del sabio árabe intimidante, lucía una sobria carátula roja.
Los Baldor vivían en las playas de Tarará en una casa grande y lujosa donde las puestas de sol se despedían con un color distinto cada tarde y donde el profesor dedicaba sus tardes a leer, a crear nuevos ejercicios matemáticos y a fumar, la única pasión que lo distraía por instantes de los números y las ecuaciones. La casa aún existe y la administra el Estado cubano. Hoy hace parte de una villa turística para extranjeros que pagan cerca de dos mil dólares para pasar una semana de verano en las mismas calles en las que Baldor se cruzaba con el "Che" Guevara, quien vivía a pocas casas de la suya en el mismo barrio.
"Mi padre era un hombre devoto de Dios, de la patria y de su familia", afirma Daniel. "Cada día rezábamos el rosario y todos los domingos, sin falta, íbamos a misa de seis, una costumbre que no se perdió ni siquiera después en el exilio". Eran los días de riqueza y filantropía, días en que los Baldor ocupaban una posición privilegiada en la escalera social de la isla y que se esmeraban en distribuir justicia social por medio de becas en el colegio y ayuda económica para los enfermos de cáncer.
El 2 de enero de 1959 los hombres de barba que luchaban contra Fulgencio Batista tomaron La Habana. No pasaron muchas semanas antes de que Fidel Castro fuera personalmente al Colegio Baldor y le ofreciera la revolución al director del colegio. "Fidel fue a decirle a mi padre que la revolución estaba con la educación y que le agradecía su valiosa labor de maestro..., pero ya estaba planeando otra cosa", recuerda Daniel. Los planes tendría que ejecutarlos Raúl Castro, hermano del líder del nuevo gobierno, y una calurosa tarde de septiembre envió a un piquete de revolucionarios hasta la casa del profesor con la orden de detenerlo. Sólo una contraorden de Camilo Cienfuegos, quien defendía con devoción de alumno el trabajo de Aurelio Baldor, lo salvó de ir a prisión. Pero apenas un mes después la familia Baldor se quedó sin protección, pues Cienfuegos, en un vuelo entre Camagüey y La Habana, desapareció en medio de un mar furioso que se lo tragó para siempre.
"Nos vamos de vacaciones para México”, nos dijo mi papá. Nos reunió a todos, y como si se tratara de una clase de geometría nos explicó con precisión milimétrica cómo teníamos que prepararnos. Era el 19 de Julio de 1960 y él estaba más sombrío que de costumbre. Mi padre era un hombre que no dejaba traslucir sus emociones, muy analítico, de una fachada estricta, durísima, pero ese día algo misterioso en su mirada nos decía que las cosas no andaban bien y que el viaje no era de recreo", dice el hijo de Baldor.
Un vuelo de Mexicana de Aviación los dejó en la capital azteca. La respiración de Aurelio Baldor estaba agitada, intranquila, como si el aire mexicano le advirtiera que jamás regresaría a su isla y que moriría lejos, en el exilio. El profesor, además del dolor del destierro, cargaba con otro temor. Era infalible en matemáticas y jamás se equivocaba en las cuentas, así que si calculaba bien, el dinero que llevaba le alcanzaría apenas para algunos meses. Partía acompañado de una pobreza monacal que ya sus libros no podrían resolver, pues doce años atrás había vendido los derechos de su álgebra y su aritmética a Publicaciones Culturales, una editorial mexicana, y había invertido el dinero que obtuvo de ello en su escuela y en su país.
La lucha empezaba. Los Baldor, incluida la nana, se estacionaron con paciencia durante 14 días en México y después se trasladaron hasta Nueva Orleans, en Estados Unidos, donde se encontraron con el fantasma vivo de la segregación racial. Aurelio, su mujer y sus hijos eran de color blanco y no tenían problemas, pero Magdalena, la nana, una soberbia mulata cubana, tenía que separarse de ellos si subían a un bus o llegaban a un lugar público.
Aurelio Baldor, heredero de los ideales libertarios de José Martí, no soportó el trato y decidió llevarse a la familia hasta Nueva York, donde consiguió alojamiento en el segundo piso de la propiedad de un italiano en Brooklyn, un vecindario formado por inmigrantes puertorriqueños, italianos, judíos y por toda la melancolía de la pobreza.
El profesor, hombre friolento por naturaleza, sufrió aun más por la falta de agua caliente en su nueva vivienda, que por el desolador panorama que percibía desde la única ventana del segundo piso. La aristocrática familia que invitaba a cenar a ministros y grandes intelectuales de toda América a su hermosa casa de las playas de Tarará, estaba condenada a vivir en el exilio, hacinada en medio del olvido y la sordidez de Brooklyn, mientras que la junta revolucionaria declaraba la nacionalización del Colegio Baldor y la expropiación de la casa del director, que sirvió durante años como escuela revolucionaria para formar a los célebres "pioneros". La suerte del colegio fue distinta. Hoy se llama Colegio Español y en él estudian 500 estudiantes pertenecientes a la Unión Europea. Ningún niño nacido en Cuba puede pisar la escuela que Baldor construyó para sus compatriotas.
Aurelio Baldor trató en vano de recuperar su vida. Fue a clases de inglés junto a sus hijos a la Universidad de Nueva York y al poco tiempo ya dictaba una cátedra en Saint Peters College, en Nueva Jersey. Se esforzó para terminar la educación de sus hijos y cada uno encontró la profesión con que soñaba: uno profesor de literatura, dos ingenieros, uno inversionista, dos administradores y una secretaria. Ninguno siguió el camino de las matemáticas, aunque todos continuaron aceptando los desafíos mentales y los juegos con que los retaba su padre todos los días. Con los años, Baldor se había forjado un importante prestigio intelectual en los Estados Unidos y había dejado atrás las dificultades de la pobreza.
Sin embargo, el maestro no pudo ser feliz fuera de Cuba. No lo fue en Nueva York como profesor, ni en Miami donde vivió su retiro acompañado de Moraima, su mujer, quien hoy tiene 89 años y recuerda a su marido como el hombre más valiente de todos cuantos nacieron en el planeta. Baldor jamás recuperó sus fantásticos cien kilos de peso y se encorvó poco a poco como una palmera monumental que no puede soportar el peso del cielo sobre sí.
El exilio le supo a jugo de piña verde. Mi padre se murió con la esperanza de volver", asegura su hijo Daniel.
El autor del Algebra de Baldor se fumó su último cigarrillo el 2 de abril de 1978. A la mañana siguiente cerró los ojos, murmuró la palabra Cuba por última vez y se durmió para siempre. Un enfisema pulmonar, dijeron los médicos, había terminado con su salud. Pero sus siete hijos, quince nietos y diez biznietos, siempre supieron y sabrán que a Aurelio Baldor lo mataron la nostalgia y el destierro
Desde la clandestinidad, 29 de mayo de 2004
Robert Alonso
RobertAlonso@VenezuelaNet.org
www.robertalonso.com.ve
Para ver la historia pictórica de la “FINCA DAKTARI”
y los últimos “Alertas”
favor visitar:
www.robertalonso.com.ve

Mensajes: 923 | De: Baton Rouge, Louisiana USA | Registrado: Feb 2000  |  IP: Archivada | Mandar este mensaje al moderador
Rodolfo Stoltzmann
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Alla en Chile por un tiempo se estudio con el texto de Baldor. Yo usaba ese texto de algebra y matematicas.

Creo que se reemplazo ya que era un libro caro...Algun idiota tomo esa decision, nada de raro que fuera uno de esos desgraciados que atornillan alrevez

Mensajes: 4784 | Registrado: Mar 2000  |  IP: Archivada | Mandar este mensaje al moderador
Liborio
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Cada cual estima el colegio al cual asistio, por lo tanto hablare del Colegio Corona fundado por Don Jose Corona contemporáneo de Sin Patria.
Mensajes: 4149 | Registrado: Abr 2000  |  IP: Archivada | Mandar este mensaje al moderador
Sin patria, pero sin amo
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Usuario # 566

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Liborio

Cada cual estima el colegio al cual asistio, por lo tanto hablare del Colegio Corona fundado por Don Jose Corona contemporáneo de Sin Patria.

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Como cada uno estima al los maestros tambien, por lo tanto paso a nombrarlo en mi recorrido por los colegios en mi juventud:

Andriano Martinez,(en cuarto grado nos enseñaba algebra elemental), Colegio Publico, Reparto Céspdes.

Las Polos,(nos portabamos mal para que de castigo nos mandaran al patio y nos comiamos los mangos escondidio), Colegio Particular.

Garcia,(en una clase de Historia Universal durante la Guerra Napolionica, le pusimos un ciquitraque, debajo de su escritorio, al explotar se cayó de la silla, y nos expulsó del colegio),Colegio Garcia.

Pilar Fabra,(formidable maestra) Colegio Particular

Elena Carpio(formidable maestra, y para los varones era nuestro amor platónico ), Colegio Particular.

A los caules les dí mucho dolor de cabeza, por mi buena conducta en clase, y de cada uno guardo recuerdos y admiración.

Sin patria........

Mensajes: 923 | De: Baton Rouge, Louisiana USA | Registrado: Feb 2000  |  IP: Archivada | Mandar este mensaje al moderador
Roberto Lazaga
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Cuando hables de la familia Baldor, no te puedes olvidar de mencionar a uno de los hermanos del Dr. Aureliano, El PADRE DANIEL BALDOR, sacerdote Jesuita y gloria de Cuba.



El Padre Baldor fue profesor y rector del Colegio de Belén (de La Habana, donde – por cierto – estudió Fidel Castro) y cuando fue expulsado de Cuba, por la maldita “revolución socialista”, fue a su exilio en Venezuela. Vivía en el Colegio de San Ignacio (de Caracas) y era el Padre Viceprovincial encargado de la Compañía de Jesús (los Jesuitas) de la llamada Provincia de la América Latina.



Yo tuve LA INMENSA DICHA de ser alumno y amigo del Padre Baldor. Él era un santo. Una persona amable, muy cariñosa y tenía el don de la oratoria. El Padre Baldor ofrecía los mejores sermones que se daban en el Colegio de Belén. Su gran oratoria llegaba a todos; podías tener 7, 18 o 50 años y te parecía que el mensaje era para ti. También tenía una manera de ser que todo el mundo lo respetaba y lo hacía muy querido.



El Padre Baldor fue un gran cubano, educador, persona decente, justa y un gran sacerdote e hijo de Dios. Seguramente estará en los cielos rogándole al Señor por Cuba y Venezuela.



Saludos

Mensajes: 447 | De: Miami USA | Registrado: Feb 2001  |  IP: Archivada | Mandar este mensaje al moderador


 
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